La Coctelera

Jaime Hernández
El Universal
Miércoles 16 de abril de 2008 WASHINGTON

Nada más iniciar su gira de seis días en Estados Unidos, el papa Benedicto XVI lanzó un sentido mea culpa y declaró su “vergüenza” por los escándalos de pederastia que han sacudido los cimientos de la Iglesia católica y prometió que las historias de abusos “no se volverán a repetir”.

“Estos casos supusieron un gran sufrimiento para Estados Unidos, para la Iglesia y para mí”, dijo el Pontífice en uno de los más extensos mensajes de disculpa y contrición por los abusos perpetrados por sacerdotes pederastas.

El mensaje del Papa, en tono de arrepentimiento y conciliación, preparó el terreno de su gira pastoral y de su primer encuentro con el presidente George W. Bush, quien acudió a recibirlo a la base militar Andrews, en un gesto sin precedentes en su mandato. “Cuando leo las historias de las víctimas me parece imposible entender cómo ha podido suceder que un sacerdote traicione su misión de dar aliento y el amor de Dios a estos niños”, dijo Benedicto XVI en el preámbulo de su visita a esta capital, durante un encuentro con los periodistas que le acompañaron en el avión.

Las palabras del Papa, un trago amargo para una Iglesia que ha tenido que hacer frente a demandas judiciales y a una sangría de 2 mil millones de dólares en compensaciones, se ha querido adelantar así a las protestas que han anunciado para su visita las víctimas de sacerdotes pederastas, así como sus familiares, para exigir el castigo de obispos y cardenales que han encubierto a los abusadores. “Haremos todo lo posible para que esto no vuelva a suceder; poniendo reglas, reconciliándose con los católicos, procurando una buena formación de los sacerdotes y asegurándonos de que los pederastas queden fuera de este ministerio sagrado”, aseguró Benedicto XVI.

En el primer día de su visita, el Papa dejó en claro cuál será una de sus prioridades durante la gira: abogar contra la separación de familias que afecta a casi 4 millones de hijos de inmigrantes indocumentados y demandar soluciones de largo plazo para los más de 12 millones de inmigrantes que representan el futuro de la Iglesia católica en Estados Unidos.

Consciente de que los inmigrantes latinos seguirán teniendo un profundo impacto en el futuro del catolicismo en este país, el Papa habló del “drama de la separación” que hoy sufren cientos de miles de familias amenazadas por la deportación de uno o varios de sus miembros y consideró que el drama de la inmigración indocumentada “requiere de soluciones a largo plazo para el desarrollo social”.

En este sentido, Benedicto XVI aseguró que dialogará con el presidente Bush de la necesidad de que Estados Unidos ayude a los países de Latinoamérica para que crezcan y se desarrollen. El Papa, quien hoy cumplirá 81 años, se convertirá en huésped de una magna ceremonia de recepción en los jardines de la Casa Blanca, con la asistencia de casi 12 mil invitados. “El presidente y el Papa comparten su preocupación por el avance del radicalismo religioso y por la amenaza del terrorismo”, aseguró Dana Perino, portavoz de la Casa Blanca.

El jueves, Benedicto XVI oficiará una misa multitudinaria en el estadio de béisbol de los Nationals y el viernes partirá a Nueva York para hablar ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) y rendir homenaje a las víctimas del 11 de septiembre en la zona cero.

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Opinión, Octavio Islas

En congruencia con sus afirmaciones, el papa Benedicto XVI debería escuchar a las víctimas del padre Marcial Maciel, que en repetidas ocasiones presentaron las denuncias correspondientes en el Vaticano. Juan Pablo II solapó a Maciel como a muchos otros sacerdotes pederastas. Esperemos que el papa Benedicto XVI cumpla con su palabra.

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