La Coctelera

Es frecuente que a los hombres que han ejercido el poder o que lo han tenido sin saber ejercerlo, la gente a la que han gobernado los suela etiquetar con el adjetivo que más los haya caracterizado. Algunas veces la característica es física, pero generalmente es psíquica. Estos apodos a veces van más allá de sus tiempos y espacios. En nuestro país, recuerdo que en el caso de Pascual Ortiz Rubio, su opacidad e incapacidad fue tal, que lo apodaron “el nopalito”, dizque por baboso.

A don Adolfo Ruiz Cortínez lo caracterizó su austeridad, a Miguel Alemán su jovialidad y rapacidad, a Luis Echeverría su perversidad y también su rapacidad, a Miguel de la Madrid su mediocridad, a Salinas de Gortari su sagacidad.

Es obvio que la más constante ha sido el saqueo en nuestro entorno, auque también la frivolidad, ya que la padecieron López de Santana, López Portillo y Vicente Fox. Los tres con cualidades relevantes, pero por ese defecto tiraron por la borda casi todo el bagaje que los pudo distinguir entre los buenos. Lamentablemente desaprovecharon la oportunidad que su circunstancia histórica les ofreció.

Pero esto no sólo se da en nuestro país o en Argentina, como es el caso de su ex presidente Carlos Menem, también ocurre en la civilizada y culta Europa. Y nada menos que en la cuna de las luces del mismo París se está dando hoy el caso de su presidente, el brillante y seductor Nicolás Sarkozy, que se divorció de su esposa Cecilia para cambiarla por la modelo y cantante italiana Clara Bruni, que entre otras cosas, presume de ser polígama, según lo dice el intelectual Carlos Fuentes en un magnífico artículo y en el que da cuenta de todo el ridículo que están protagonizando en el “yet set” de Europa. Sarkozy es la comidilla de la más alta y rancia aristocracia, así como de la alta política y diplomacia de todo el mundo civilizado.

Nicolás Sarkozy es Licenciado en Derecho por la Universidad de París y ha ejercido su carrera. También estudió en el Instituto d’Estudes Politiques de París. Fue un estudiante sobresaliente aunque tuvo una infancia azarosa, llena de vicisitudes que de alguna manera lo forjaron en la brega cotidiana para llegar a donde hoy se encuentra.

“Lo que me hizo ser lo que soy ahora fue la suma de todas las humillaciones sufridas en mi infancia”. Parte de esas humillaciones fueron porque su padre, de nacionalidad húngara, los abandonó cuando él tenía 5 años, para irse con otra mujer. Así siguió tras otras faldas, lo que le ganó el calificativo de mujeriego disoluto. Esto lo menciono porque en algo explica la frivolidad de Nicolás, quien nunca perdonó a su progenitor por haberlo abandonado.

Dada su frivolidad, me parece incongruente que esté tan preocupado y hasta ocupado en aspectos de su religión, la Católica, por el tema hace tiempo controvertido pero que ya se ha superado: la separación del Estado-religión.

El diario El País de España, cabeceó la noticia como sigue: “El Presidente francés fuerza la ruptura del laicismo del Estado Republicano”, y continuó la nota: Nicolás Sarkozy quiere meter a Dios en la política y romper el tabú más emblemático de la República, la separación radical entre religión y Estado definida por el muy francés concepto de laicismo. Dos recientes discursos; el primero en Roma, en la basílica de San Juan de Letrán, tras ser nombrado canónigo honorario, y el segundo en Riad, ante el rey Abdalá de Arabia Saudí, le han servido para introducir este elemento en su relato político y encender la mecha de una polémica que va más allá de la vieja querella entre Dios y el César, para entrar de lleno en la fábrica de la textura de las sociedades del tercer milenio.

“«En la transmisión de los valores y en el aprendizaje de la diferencia entre el bien y el mal, el instructor no podrá nunca reemplazar al sacerdote o al pastor, incluso si es importante que se aproxime, porque siempre le faltará la radicalidad del sacrificio de su vida y el carisma de un compromiso basado en la esperanza», dijo en Roma. «Un hombre que cree que es un hombre, espera. Y el interés de la República es que haya muchos hombres y mujeres que esperen. La desafección progresiva de las parroquias rurales, el desierto espiritual de las barriadas (...), la penuria de sacerdotes, no ha hecho más felices a los franceses», añadió para propugnar «una laicidad positiva que no considere que las religiones son un peligro, sino una baza»”.

Ante este protagonismo exacerbado, cabe la interrogante: ¿Qué pretende el señor Sarkozy, ser el ombligo del mundo, el infante terrible, la luz de luces que todo lo ilumina? Los mexicanos sabemos por experiencia amarga que la frivolidad no se lleva bien con la gobernabilidad, o mejor dicho, con la buena conducción. Por lo pronto, su no aceptación en reciente encuesta sumó el 55 por ciento de los franceses encuestados.

Valga la comparación, aunque resulte odiosa, entre Zarkozy y Obama, pero a mí me resulta válida por tratase de los personajes del momento y su paralelismo. El primero ya llegó... el segundo quizás no llegue, aunque ya demostró que vale y mucho.

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Opinión de Octavio Islas

Jorge omite mencionar que Vicente Fox se distinguió por su mediocridad. Todo mexicano puede concluir -aún los panistas más recalcitrantes- que el saldo de su sexenio quedó muy abajo de las expectativas que generó-.. Vicente Fox contrajo segundas nupcias -y no precisamente con una modelo- y agudizó su frivolidad.

Ni Fox ni Marta pretendieron apartarse de la fe católica. Por el contrario, la "pareja presidencial" gestionó los servicios del padre Marcial Maciel para anular sus primeros matrimonios religiosos.

Moraleja. La frivolidad no es asunto de contraer segundas nupcias con una modelo ni afirmando un Estado laico. !Qué mejor ejemplo que la señora Marta y Vicente Fox!.

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