Los que creyeron que sólo era cuestión de tiempo, a estas alturas ya deben de haberse dado cuenta de su error. El tiempo pasa a favor de Felipe Calderón, pero ni aún así la popularidad y fuerza política de Andrés Manuel disminuye. Y es que no disminuirá mientras el Presidente no tome las acciones pertinentes para frenar a este carismático líder de la izquierda.
Hay que entender que las banderas de AMLO son verdaderas y auténticamente sentidas por una gran parte de la población; no todas, por supuesto, y algunas son efectivamente populistas. Pero las que son válidas son suficientes para seguir dándole popularidad y apoyo entre muchos mexicanos. Pregonar que AMLO es un populista no será suficiente para disminuir el hecho de estar bloqueando y entorpeciendo la buena marcha de la administración “calderonista”.
Hay que desarmar a AMLO y no hay otra manera que atacando sus errores, aquellos que otros gobiernos dejaron crecer y que son sus banderas. Uno de ellos es el de los privilegios e injusto trato con que el gobierno atiende a los ricos. Pero no a los ricos del montón, que eso se da en todos los países del mundo, sino a aquellos que han amasado fortunas increíbles en un país de pobres; gracias a sus monopolios, carteles, duopolios y quienes abusando de su dominio del mercado, lo manipulan con la complicidad de las autoridades.
La concentración de gran capital da enormes ventajas, pero estos señores no se conforman con eso. Trabajan todos los días con legisladores y todo organismo regulatorio para que las leyes y las reglas le cierren el paso a sus competidores. Pero es mejor, aún si sus cabilderos imposibilitan que surja cualquier indicio de competencia real.
Ahí están de muestra la inclusión de requisitos en leyes y reglamentos secundarios que sólo las grandes empresas pueden cumplir, eliminando la competitividad. Así como el dominio de organismos camarales empresariales, introduciendo a funcionarios propios por tiempo completo. Son los únicos con capacidad económica de tener especialistas cabildeando a su favor.
Parece ser que nuestro gobierno no se ha dado cuenta, por más que millones de mexicanos lo digan y griten desesperados, que la globalización parece beneficiar desproporcionadamente a las transnacionales. Es tan evidente, ¡qué hasta los países más desarrollados, dueños de la mayoría de ellas, lo están aceptando! ¿Cuándo veremos a un secretario de Hacienda, defendiendo a los contribuyentes mexicanos como defendió recientemente Agustín Cartens a la transnacional Banamex Citigroup, ante una resolución judicial adversa?
El que un importante empresario extranjero sea creador de empresas no es razón para colmarlo de concesiones y privilegios. Los empresarios mexicanos nunca fuimos beneficiados con semejantes prerrogativas. El gobierno debe de promover y fomentar el ejercicio de trabajo y de profesiones independientes para los mexicanos, y no únicamente preocuparse por proporcionar empleados para las transnacionales.
Hay que tomar conciencia del pequeño favor que nos hacen los monopolios y carteles con sus fundaciones e instituciones de beneficencia. Organizaciones donde canalizan una pequeña parte de sus exorbitantes utilidades. Mientras que por otro lado nos exprimen con precios muy por arriba de los internacionales.
Primero, que respeten el mercado para tener la libertad de elegir entre varias opciones, donde la competencia premie la productividad beneficiando al ciudadano consumidor y no den por caridad lo que deben por justicia. Amén del beneficio fiscal que obtienen no sólo por su dinero sino también por el dinero que perciben de nuestro generoso pueblo. Hoy en día no hay monopolio que no se publicite como benefactor social. Y, por supuesto, ¡hondamente preocupado por la ecología!
El costo social de estos oligopolios es inmenso y, como dice AMLO, muchos son traficantes de influencias más que empresarios. Si el Ejecutivo no encuentra el momento, o no quiere, tomar acciones para corregir estas distorsiones en nuestra economía, AMLO seguirá avanzando. La tibieza de Calderón es el mejor aliado de la popularidad de AMLO.
Así que mientras Felipe Calderón la sigue pensando, López Obrador continúa avanzando y fortaleciéndose en su recorrido a lo largo y ancho del país. Y los que creemos en la libre empresa y algo de democracia, vamos en la jugada.
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Comentario de Octavio Islas
Felipe Calderón consideró prioritario recuperar al PAN, el cual, durante la gestión de Manuel Espino, fue inclinado hacia posiciones de derecha extrema. Los recientes despidos en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN representan un perfecto testimonio de la magnitud de la purga emprendida.
¿"Que pueden decur quienes creen en la libre empresa y algo de democracia" sobre la impunidad y enriquecimiento inexplicable del ex presidente Vicente Fox, de su esposa y sus ejemplares hijos?
Antes de contener a López Obrador, Felipe Calderón debería fincar responsabilidades administrativas al clan Fox-Sahagún.
La justicia selectiva del calderonismo representa, efectivamente, uno de los mejores argumentos de López Obrador.



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