"Ya lo hemos tratado en este mismo espacio pero con una perspectiva diferente. Hace algunas lunas, hablábamos del doble discurso de los perredistas, de la ambigüedad de los conceptos y lo gelatinoso del discurrir de Andrés López, de las incoherencias gubernativas de Marcelo Ebrard y las locuacidades de los seguidores de todos ellos en la Catedral.

Pero hay algo de fondo que despide un cierto tufo a coprolalia (1). Un cierto “encanto” y “fascinación” bastante enfermiza para nuestro gusto que tiene aromas de jacobinismo a ultranza y de ateísmo decimonónico que varios creímos ya rebasado. Pero no es así.

Festinando en Catedral

Seguro recordará usted la irrupción –por decirlo en forma tranquila– de los hunos perredistas y las hordas salvajes negriamarillas en la Catedral Metropolitana, queriendo quemar en leña verde al Cardenal Rivera. O aquel otro momento de esquizofrenia izquierdista, cuando las tribus se lanzaron sobre el vehículo del mismo Cardenal.

La verdad, eso, a mí, no me sorprende para nada. Era de esperarse. Es el común denominador del socialismo autóctono, con Chávez, Fidel y Evo, que encuentran un cierto encanto, tan morboso como fascinante, para irse con todo contra la Iglesia, sus obispos y, de paso, contra los feligreses en oración. Igualito que Bin Laden y su club fundamentalista de terroristas asociados.

Lo sorprendente no fueron las reacciones de muchos políticos que practican un catolicismo vergonzante y agachón “en el piadoso nombre de la prudencia”. Lo sorprendente es que –a excepción de un grupo de abogados católicos– nadie dijo nada. Tampoco aparecieron los señalamientos de los grupos defensores de los derechos humanos, del respeto a la legalidad, ni aquellos que salen a tomar las calles demandando equidad, pluralidad y tolerancia.

La capellanía castrense

Luego vendría el artículo de Proceso donde el autor se escandaliza: “El ejército y la Iglesia se abrazan”. Se violan quién sabe cuántos artículos de la Ley, se atenta contra la laicidad del Estado… y el autor se rasga las vestiduras –al más refinado estilo farisaico– por las “beaterías” del grupo especial de paracaidistas, por las “mocherías” de nuestros soldados, por lo “persinados” (así, con falta de ortografía, pa’que duela más) de los hombres y mujeres que han dejado insignias militares en los retablos que cuelgan de las paredes.

El reportero demanda la crucifixión para quienes hayan tenido la ocurrencia de validar la presencia de una escultura con un Cristo que bendice en su regazo a un soldado. Lo mismo se exige para quienes autorizaron los vitrales en donde diversos miembros del ejército son confortados por Jesús de Nazareth. “El colmo” –así lo expresa el autor– se encuentra en que, precisamente en uno de esos vitrales aparece San Miguel Arcángel sometiendo con el pie al demonio. Imagínese usted, amable lector. Los ‘perversos’ paracaidistas del Ejército Mexicano, eligieron como patrono y protector a San Miguel. Y el autor vuelve a protestar (al momento, no se sabe si la protesta es por la presencia del Arcángel o por algún probable parentesco del escritor con el demonio).

Navidad Mexicana en el Vaticano

¡Faltaba más! Los que censuran cualquier tipo de censura, tenían que censurar a Emilio González, Gobernador de Jalisco, por andar haciendo proselitismo religioso y por desviar recursos públicos, al donar un nacimiento espectacular para una muestra internacional presentada en el Vaticano, sobre cómo se celebra la Natividad de Cristo en nuestro país.

Sin duda, es un caso para la Corte Internacional de los Derechos Humanos. ¡A quién se le ocurre promover las posadas e impulsar el marketing político para posicionar la imagen personal del Niño Dios, de la Virgen María y de San José. Yo todavía tengo la duda. ¿La denuncia pública fue porque a algún buey no lo incorporaron al elenco... o por que algún burro lo percibió de otra manera? Es pregunta.

"Vida mía", en Guanajuato

¡Claro! Los vapores de un jacobinismo trasnochado y trasnochador también llegaron hasta Juan Manuel Oliva, Gobernador de Guanajuato. ¡Quién le manda promover una telenovela que habla de “valores universales que fortalecen a las familias”, tal y como lo declaró al reportero de Reforma el Director de la televisora oficial guanajuatense.

Y a pesar de que el funcionario reiteró que “la intención es promover valores universales, es decir, que con los mensajes que estemos dando se promocionen las actitudes solidarias”, ¡no señor!, no fue suficiente explicación ni quedó claro para algunos. La cabeza de la nota –que firma el “Staff” del periódico Reforma (o sea, ¡viva la clandestinidad!)– destaca: “Evangeliza Oliva por canal estatal”. Y aunque no se demuestra por ninguna parte el proceso “evangelizador” del Ejecutivo guanajuatense –porque todo el cuerpo de la nota se refiere a las expresiones del productor José Antonio Takano–, de todas maneras se lanzó la piedra y alguien escondió olímpicamente la manota.

¿Ambiente de persecución?

No sé si el lector coincida con nosotros, pero todos estos hechos siguen despidiendo un cierto aroma a persecución. Ya no es sólo un ambiente de intolerancia, de fundamentalismos. Huele a exterminio y a provocación, a guerra contra la Iglesia Católica en particular y contra todas las Iglesias e instituciones que en lo general impulsan los valores universales. Habrá que darle seguimiento a estos sucesos, porque así empezaron –como lo describe magistralmente Jean Meyer– las movilizaciones sociales de 1929. Al tiempo.

(1) Como a mí también me costó mucho trabajo encontrar un sinónimo apropiado, se lo dejo de tarea al amable lector. Una pista es la expresión “ortolalia” y otra más la palabra “copro” que significa algo más feo.

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Comentario de Octavio Islas

La separación Estado-Iglesia está consagrada en nuestra Constitución.
Los gobernadores panistas deberían respetarla o dedicarse al sacerdocio.
El gobernador de Jalisco no debería desviar dinero de la partida destinada a atender situaciones de desastre para "invertir" en su imagen pública a través de Espacio-Televisa. Tampoco debería "invertir" en la promoción de su estado contratando espacios promocionales en telenovelas de Televisa.
Sencillamente debería limitarse a respetar lo dispuesto en la ley
¿Acaso el fin "santifica" los medios?