La Coctelera

CALDERÓN, ¿ÚNICO RESPONSABLE DEL CRECIMIENTO Y EL EMPLEO?
Por: Luis Pazos

Durante casi todo el siglo pasado, aunque la Constitución consignaba la división de poderes y se hablaba de Estados soberanos y municipios libres, los mexicanos con uso de razón sabían que el Presidente decidía quienes iban a ser diputados, senadores y gobernadores. Hasta en el más lejano y pobre municipio, una recomendación presidencial era suficiente para que una persona ocupara la alcaldía.

En aquel México, de un presidencialismo absoluto, todo lo bueno, lo malo, los aciertos o fracasos, eran responsabilidad del Presidente de la República. Crecimiento, empleo, inflación y devaluación eran atribuibles a las decisiones del Presidente en turno. A partir del Gobierno del Presidente Fox se empieza a practicar en la realidad la división de poderes, que antes era letra muerta. Ya no existe una lista de candidatos a diputados, senadores y gobernadores del partido en el poder que palomea el Presidente. Las decisiones presidenciales están acotadas por los miembros del legislativo, del poder judicial y de los gobernadores.

Esa realidad política implica que ya no podemos, como en el siglo pasado, únicamente aplaudir al Presidente cuando hay un avance económico, tampoco considerarlo el único responsable cuando hay fracasos. El que se logre un mayor crecimiento ya no depende exclusivamente de las acciones del poder ejecutivo, también de las leyes que se aprueban o rechazan en el poder legislativo.

La aprobación de un presupuesto inflacionario o desequilibrado es definitiva en los aumentos de precios y tasas de interés. Las decisiones del Poder Judicial, las leyes emanadas del poder legislativo y las políticas implementadas en los diversos Estados de la República son ahora de suma importancia para el rumbo del país.

El futuro de México ya no está sólo en manos del Presidente Felipe Calderón, también en las de los legisladores que aprueban o desechan reformas y de los gobernadores que apoyan u obstaculizan cambios que nos permitan ser más competitivos a nivel internacional y lograr un mayor crecimiento y empleo.

* Profesor de Economía Política

Opina Octavio Islas

El peor fracaso es no saber reconocer el fracaso.

La reforma fiscal elaborada por el gobierno de Felipe Calderón admite ser considerada como rotundo fracaso.

Calderón, temeroso del impacto que tendrían los incrementos a la gasolina sobre su imagen pública, sencillamente decidió abortar las propuestas elaboradas por su secretario de Hacienda, quien concibió una reforma fiscal que desde su anuncio fue considerda como decepcionante.

El gobierno de Calderón no fue capaz de articular la reforma fiscal que México efectivamente demanda.

En cuanto a la reforma electoral, el congreso ha demostrado la capacidad necesaria para alcanzar acuerdos, los cuales incluso afectan los intereses de los poderosos barones de la democracia, quien han exhibido, en respuesta, los escandalosos salarios y prestaciones que reciben los senadores.

Frena más al gobierno de Calderón el protagonismo del ex presidente Vicente Fox y su señora esposa, que el propio congreso.

De ello sí podríamos culpar a Calderón pues lo permite.

Calderón dispone de elementos necesarios para fincar responsabilidades a Vicente Fox por haber rendido falsas declaraciones patrimoniales, independientemente de su evidente y ofensivo enriquecimiento indebido.

El impune enriquecimiento indebido de los hijos de la señora Marta Sahagún mina la credibilidad ciudadana en algo tan fundamental como la impartición de justicia.

Proceso y Reporte Indigo han exhibido los irresponsables excesos que hoy es posible advertir en el hombre que un día sintetizó las mejores esperanzas de México.

Don Luis Pazos debería tomarse la molestia de revisar la reciente edición de Reporte Indigo. Dudo mucho que guste de leer Proceso.

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