La Coctelera

Venezuela: Partido Socialista Unido de Venezuela (I)
PSUV-: germen de poder popular

Por: Marcelo Colussi
especial para ARGENPRESS.info

“La política es el arte de evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen”, dijo sarcásticamente Paul Valéry. Pero aunque malévolamente mordaz, expresó una gran verdad: hasta ahora, para quienes ejercen el poder, gobernar es seguir manteniendo sus privilegios, para lo cual vale todo. Y es parte tan importante de esa actividad tanto la represión contra el que protesta como la manipulación. Aunque en definitiva, al poder le resulta más útil, más cómodo, más barato permitir el “juego” democrático de la política que la represión brutal. En tal sentido, la actividad política es “el arte del engaño”: el engaño de las grandes masas, la mentira institucionalizada. Como dijo Valéry entonces: “evitar que la gente decida pero haciéndole creer que participa”. ¿Qué son las democracias representativas modernas sino “ficciones estadísticas”, como sardónicamente dijera Jorge Luis Borges? ¿Alguien podría tomarse en serio que “el pueblo manda” cuando va a votar cada unos cuantos años?

“La política es una actividad sucia. Quien gobierna debe asegurar su poder destruyendo a inocentes, violando sus propios juramentos y traicionando a sus amigos”, afirmaba sin vergüenza Nicolás Maquiavelo hace cinco siglos. Así se concibió siempre el ejercicio del poder; lo que el pensador italiano dijo sin rodeos, los “políticos profesionales” de las sociedades capitalistas lo aplican diariamente, aunque sin declararlo tan tajantemente. En mayor o menor medida, la máxima del nazi Goebbels de mentir descaradamente para manejar a las grandes masas es el común denominador de todo político de profesión. “A partir de Maquiavelo los políticos comprendieron que la verdadera fuente de poder estaba en la simulación de situaciones y que la política no constituía una actividad real sino un modelo de simulación cuyo objetivo es simplemente alcanzar efectos”, agregará con precisión Jean Baudrillard ya hacia fines del silgo XX. De eso se trata entonces: “alcanzar efectos”, mentir, usar a la gente, hacerle creer lo que no es, engañar.

Pero hay otra forma de entender la actividad política: la política como el ejercicio de un poder compartido, como práctica común de todos para el beneficio común.

Eso, obviamente, no es lo que ha desarrollado ninguna sociedad basada en la división de clases y la explotación del trabajo de unos por otros. Eso, si es posible lograrlo, es privativo de ese gran reto que constituye la epopeya que llamamos socialismo. Y ahora, en la República Bolivariana de Venezuela, es eso lo que se está intentando comenzar a experimentar.

Poder popular, democracia participativa, autogobierno del pueblo: no importa cómo lo llamemos, el reto está abierto. La transformación revolucionaria de la sociedad capitalista tiene como puntales básicos una nueva estructura económica que distribuya de otra forma el producto del trabajo social superando la propiedad privada de los medios de producción… ¡Y nuevas formas de gobierno! En esto se apuntala la posibilidad misma del cambio. Las experiencias socialistas del pasado siglo nos han demostrado que un capitalismo de Estado (que de eso se trató en muy buena medida) con control de un partido único pudo llegar a repartir con mayor equidad la renta nacional; pero quedó siempre como asignatura pendiente la construcción de nuevas y genuinas formas de poder popular. Hoy, la revisión crítica de esos primeros tanteos, nos confronta con la imperiosa necesidad de darle forma a nuevas relaciones de poder.

Está suficientemente claro que una sociedad socialista es aquella donde no sólo todos tienen mejoras en su nivel socioeconómico (trascendentales, sin dudas) sino también nuevos valores, una nueva cultura. Dicho de otro modo: donde el poder ya no es “destruir inocentes, violar los propios juramentos o traicionar a los amigos” para alcanzar los objetivos. Una nueva sociedad socialista es aquella donde imperiosamente la gente, la masa, el colectivo “toma parte en los asuntos que le conciernen”. Si no, no es socialismo.

Esa nueva situación es lo que se está impulsando en esta renovada experiencia de socialismo que se está edificando en Venezuela: el poder popular está comenzando a tomar un sitial de preferencia.

En esa perspectiva surge la idea de un partido político revolucionario que funcione como instrumento funcional para dinamizar las transformaciones que se vienen sucediendo. Hasta ahora, por las características propias y singulares de toda esta experiencia, los cambios comenzaron a operarse a partir de un presidente que, constitucionalmente y con amplio apoyo popular, se dio a la tarea de impulsar cambios en el tejido social; cambios que iniciaron, básicamente, con una nueva modalidad de distribución de la renta petrolera de que dispone el país. Pero que no tuvo, hasta ahora, un instrumento político a la medida de esas transformaciones tal como un auténtico partido revolucionario.

Ya desde antes de las elecciones de diciembre pasado el mismo presidente Chávez venía insistiendo en la idea de contar con esa herramienta, desechando así la maquinaria electoral (burocrática y nada revolucionaria) con que se movió en estos primeros años del proceso político que encabeza: el Movimiento V República. Habiendo ganado por amplia mayoría esa contienda electoral a fines del 2006, una de las prioridades para el año 2007 fue justamente la puesta en marcha de ese partido. Fue así que surgió la propuesta del Partido Socialista Unido de Venezuela -PSUV-, el cual debe anudarse con otra de las prioridades políticas en esta etapa de la revolución: la reforma constitucional que podrá abrir realmente las puertas a una sociedad socialista. En ese sentido poder popular (organizaciones de base y partido político) y Estado revolucionario van de la mano.

Recorrida ya buena parte del año, la iniciativa de constituir ese nuevo instrumento ha ido tomando forma. Es muy prematuro aún para sacar conclusiones valederas respecto a dónde va, pero lo cierto es que ha arrancado con fuerza. Y sin dudas, eso es una buena noticia. El PSUV cuenta con una enorme masa de aspirantes a su militancia (5.600.000 personas) y se encuentra en pleno proceso organizativo, esperando estar definitivamente constituido para fines del presente año.

De otras experiencias socialistas transcurridas en el pasado siglo, si algo debe criticarse con severidad es el papel jugado por los partidos en el poder: en general pasaron a ser una fusión con el Estado. El partido pasó a ser omnímodo. Y esos partidos terminaron encarnando -supuestamente- la revolución; si las masas estaban o no con el partido, eso no era lo que contaba. Por supuesto que el resultado fue bastante desastroso en muchos casos: la esperada “dictadura del proletariado” -pretendida condición para liberar a la humanidad- tuvo más de “dictadura” que de revolucionaria. Por así decirlo: hubo “demasiado” partido. Pero un partido que terminó siendo pura estructura sin contenido real, sin pueblo. Partido revolucionario sin revolucionarios en su interior.

Por el contrario, la experiencia que se está recorriendo actualmente en Venezuela muestra la ausencia de partido. Hay un conductor amado por su pueblo, defendido hasta la muerte, respetado, pero falta un instrumento realmente revolucionario, soporte de los cambios que comienza a vivir la sociedad. Las instancias que existieron hasta ahora, pura maquinaria electoral, no superaron mayormente los vicios de la democracia representativa burguesa, clientelar y corrupta. Por eso, ya maduras las condiciones, es momento de comenzar a construir las alternativas reales.

¿Dónde estamos y adónde vamos con el PSUV? Para saberlo, presentamos aquí varias opiniones de distintos actores políticos. En todos los casos se trata de aspirantes a militantes. En diálogos con el corresponsal de Argenpress en Venezuela, Marcelo Colussi, se abordan estos temas. Son cinco los entrevistados:

1) Iván Gil, militante comunitario de zonas barriales,
2) Oscar Méndez, militante comunitario de zonas barriales,
3) Palmira Guevara, profesora universitaria alineada con la revolución,
4) Federico Melo, periodista y activista político histórico, y
5) Roy Gaza, diputado a la Asamblea Nacional.

Todos son personas con trayectoria política en la izquierda y totalmente comprometidos con el actual proceso. Las conclusiones -quizá parciales todavía, fragmentarias- podrá sacarlas cada lector. Pero por lo pronto podemos avanzar al menos algunas: nunca en la historia del país se vivió un proceso de acumulación de fuerzas populares como ahora, nunca el grado de organización de base habría logrado los niveles actuales. Luego de años de neoliberalismo, el socialismo ha dejado de ser mala palabra y aunque aún no está claro el programa del partido, mayoritariamente la población venezolana opta por una alternativa al capitalismo. La discusión está instalada, y arrancó bien.

Iván Gil: aspirante a militante del PSUV de la parroquia San Juan, Caracas, miembro de un consejo comunal y militante histórico de la izquierda de base.

Argenpress: ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos con el PSUV?

Iván Gil: Por ahora es un proceso donde una enorme cantidad de gente -5.600.000 personas- manifestó su interés de participar inscribiéndose como aspirantes a militantes a partir del llamado que hizo el presidente Hugo Chávez. Se ha dado un proceso donde algunas organizaciones políticas de izquierda se disolvieron para, entre todas, construir una nueva opción de partido. ¿En qué etapa estamos ahora? La Comisión Promotora junto con la Comisión Técnica adoptaron una convocatoria para realizar unas masivas asambleas que son conocidas como Asambleas de Batallones. Esas asambleas son las reuniones donde participan todos aquellos que quedaron en los padrones del PSUV como aspirantes. La organización se hace con un criterio territorial: donde uno se inscribió, que se supone que es donde vive, es convocado a estas reuniones, lo que se conoce como Batallón. Dentro de cada Batallón existe la figura de un Propulsor. Esos Propulsores participaron en unos talleres donde se discutieron algunos criterios básicos para el trabajo de organización de base, pero su figura de ninguna manera es la de jefe o de alguna categoría de mando. Es una persona que facilita las discusiones. El problema no está en la convocatoria; eso fue masivo, la prueba está la cantidad de compañeros y compañeras inscriptos. En todo caso, si es que hay algún problema, es en la asistencia misma de toda esa masa de aspirantes a militantes en las reuniones que se están llevando a cabo. Llevamos ahora cuatro semanas de haber comenzado estas Asambleas de Batallones, y si bien hay una buena participación en las reuniones, vemos que no asiste la totalidad de personas inscriptas. Eso es algo que tenemos que ir mejorando. De todos modos la asistencia es grande, y el nivel de participación es muy bueno. Hay un gran trabajo de organización, y todos los sábados por la tarde los distintos Batallones se están reuniendo en distintos lugares que se van consiguiendo: una escuela, un auditorio, una sala de reuniones de la comunidad, en una cancha, en una plaza, etc. La convocatoria ha sido fuerte, tanto por radio o por televisión como por mensajería de texto con los teléfonos celulares.

Cada batallón está formado por 300 aspirantes, entre los cuales hay un Propulsor, el cual, insisto, no tiene ninguna función de comandancia. Es uno más del Batallón. Dentro del Batallón se organizan pequeñas comisiones encargadas de seguir manteniendo la convocatoria y que fomentan la participación: se trata de llamar a la gente, buscarla, motivarla, llevarle materiales para la discusión. En estos momentos, según las cifras oficiales que se manejan, hay un millón y medio de aspirantes, a nivel nacional, que se han venido reuniendo en los Batallones. Están instalados el 80 % de los Batallones, es decir que ya se lleva bien adelantado el trabajo organizativo. No siempre esos Batallones funcionan con 300 miembros: hay diversas experiencias, hay lugares donde participaron 50 compañeros, hay otros con 200 participantes. Yo no conozco ninguno que esté trabajando con los 300, pero en todos los casos donde se reúnen, hay siempre un trabajo fuerte de participación y discusión.

Argenpress: Independientemente del número final de cada Batallón, su instalación y puesta en funcionamiento es ya un gran ejercicio de participación ciudadana, de democracia de base. ¿Cómo evalúas tú todo este proceso?

Iván Gil: Todo esto que se está poniendo en marcha es algo impresionante. Me ha tocado ver varios Batallones, incluso algunos fuera de mi sector, y en todos se repite lo mismo: es la gente, la base, los pobladores de cada sector quienes realmente se apropian de estos espacios de discusión. Son los propios problemas los que se plantean, con absoluta honestidad, con transparencia; todo lo que se discute, lo que se desea hacer o lo que no se desea hacer, son los problemas reales que tienen que ver con el lugar donde funciona el Batallón. Eso es clave: todos los participantes están por igual, no hay jerarquías, no hay jefes. Y el Propulsor es uno más del grupo que simplemente ayuda al debate. Veo que en cada Batallón la gente se da la metodología de trabajo que mejor les viene, trabajando siempre con amplia libertad. No hay un esquema rígido que se debe seguir. Por el contrario, se hacen las cosas más diversas: conversaciones en algunos casos, o lectura de materiales, discusión a partir de unos videos, en otros casos se han hecho pequeñas exposiciones de algún invitado sobre las que luego se discute, y todos tienen derecho de palabra donde cada quien plantea lo que desea; funcionan también mesas de trabajo sobre diversos temas. Son bienvenidas todas las sugerencias. Y lo que puedo decir de lo desarrollado hasta ahora es que hay un gran espíritu de participación y de discusión honesta. Los temas que se tratan son, por ejemplo, ¿qué es el socialismo?, ¿dónde estamos ahora con nuestro proceso?, ¿qué es la economía socialista?, ¿qué diferencias hay con la economía capitalista?, ¿qué es el neoliberalismo?, ¿qué PSUV queremos construir?, ¿qué estructura debe tener este partido?

Todo eso es lo que ha venido discutiendo en estas primeras reuniones ese millón y medio de personas, todos los sábados por la tarde. Puede haber disparidad en los niveles políticos de la gente que participa, pero eso de ninguna manera impide una riqueza extraordinaria en los planteamientos que surgen. Hay un gran interés por discutir, por debatir en el buen sentido de la palabra, hay una búsqueda de respuestas a todas estas preguntas realmente enorme, rica. Yo he participado en muchas organizaciones políticas con anterioridad, pero nunca había visto niveles de participación democrática como las que ahora estoy viendo. Aquí todos opinan, todos levantan la mano para decir algo. Y se nota que hay un buen clima de discusión, porque participan por igual desde viejitos de 80 y 85 años hasta muchachitos de 18 años. Todos por igual manifiestan sus intereses, o sus disconformidades, plantean tareas, todos quieren dividir el trabajo y se proponen para hacer cosas, todos están preocupados por las fallas que se puedan ver buscándole alternativas, todo se discute entre todos y todas. No hay verticalismo, nadie impone nada. Al contrario: aquí todo viene de abajo. Eso es algo realmente novedoso: son las bases las que están planteando las cosas, desde abajo. Por supuesto que hay una estructura mínima para que las cosas puedan funcionar; es la misma base la que elige una comisión de organización, una de propagada, y una de comunicación. Pero son elecciones absolutamente democráticas, horizontales, donde la gente decide colectivamente los nombres de los integrantes. En definitiva: hay un espíritu de absoluta horizontalidad, de discusión abierta y franca. Y ahora más aún, con la discusión de la Reforma Constitucional que se abre. Son asambleas muy ricas, verdaderamente muy motivantes. Se ve que todo el mundo quiere aportar algo, más allá de las dificultades y limitaciones propias con que todos puedan encontrarse. Hay un clima de participación como yo nunca antes había visto en ninguna organización.

Argenpress: ¿Estamos ante un fenómeno político-social novedoso entonces?

Iván Gil: Definitivamente. Yo vengo de una larga militancia en la izquierda y he pasado por muchas organizaciones, partidos políticos, grupos de base, comités, participé en el Movimiento V República, y ninguna se compara con esto que estamos viviendo actualmente con el PSUV. Aquí se conjuga una cantidad de cosas que posibilitan este fenómeno inédito que hay que aprovechar. Hay una banda de compañeros y compañeras realmente amplia donde se puede encontrar desde gente más cristiana y con preocupación social hasta gente que viene de una militancia más de izquierda, pero todos se pueden amalgamar en esta nueva búsqueda que va siendo el PSUV, es decir: la construcción del socialismo, de un nuevo socialismo, el socialismo bolivariano.

Argenpress: Esta novedad, entonces, esta búsqueda amplia y con profunda participación popular, desde abajo ¿es una buena noticia para la revolución, para el proceso de transformación? ¿Será que ahora sí podremos superar eso vicios tradicionales de la izquierda de fragmentación, sectarismo, de falta de arraigo en las masas? ¿Estamos ante un verdadero germen de poder popular que no se debe dejar pasar?

Iván Gil: Creo que sí. Sabemos que tenemos en la izquierda, en toda Latinoamérica, una historia de sectarismo, de ortodoxia por no decir dogmatismo, de falta de participación popular real. Todavía está muy arraigada la idea de partido leninista, el partido conformado por células. Ahora, en el PSUV, se está empezando a dar una organización muy amplia desde la base, eso es real. Todavía no está planteada la metodología que deberemos seguir para construir la organización que necesitamos. Lo que sí se puede constatar de momento es que hay una amplia participación y ganas de sumar voluntades, hay un espíritu de afrontar los problemas comunes con salidas consensuadas, discutidas. Esa democracia de base por fuerza tiene que generar nuevos modelos de organización, seguramente superando las opciones tradicionales de partido vertical. Creo que sí: estamos en presencia de la posibilidad real de una nueva forma de encarar el poder popular. El hecho de discutir todo en la propia comunidad puede ir generando nuevas formas de relacionarnos superando el individualismo; y eso, sin dudas, tiene que dar nuevos resultados en términos sociales.

Y en términos políticos por supuesto que todo esto es novedoso, muy novedoso, inédito. Se está partiendo desde otros principios, distinto a lo que yo vi siempre en las organizaciones de izquierda. La gente se encuentra mucho mejor si decide en su sector, en el lugar donde vive, cuáles son las soluciones a sus problemas. Se siente más dueña de su vida de esa forma, y no esperando que vengan a resolverle las cosas, o a imponerle. Y por supuesto toda esta movilización de base tendrá que combinarse con políticas a nivel nacional en donde todos pudiéramos actuar como un solo frente. Pero definitivamente, todo este proceso de creación del partido desde abajo, sin dudas que está naciendo bien, es motivante.

Argenpress: Aunque quizá sea aún muy prematuro pensar hacia dónde puede ir todo esto, ¿cómo se entrevé el futuro a un mediano plazo? ¿Qué tareas hay que acometer en lo inmediato para ir dándole forma a este proceso?

Iván Gil: Por lo pronto hay que dedicarse a construir dos cosas: Programa y Estatutos del partido. Esas son dos cosas básicas. Creo que recién estamos dando los primeros pasos. Con esa democracia de base, real, que efectivamente está funcionando, hay que empezar a plantearse esas tareas para definir qué partido queremos. Y junto a eso hay otra cosa fundamental, que es la formación política. Siempre tiene que darse ese trabajo, para ir dando solidez ideológico-política a casa propuesta. Todo lo ideológico tiene que estar discutido, bien interiorizado, problematizado. Esa es una necesidad para el crecimiento político de las bases.

¿Qué mejor que discutir sanamente algunos temas ideológicos que esas asambleas de base con 200 o 300 personas? Ahí se va dando un verdadero crecimiento político-cultural de todos. Tenemos que apuntar a que en cada Batallón pueda tener un boletín para mantenerse informado, para tener una buena síntesis de lo que se va avanzando. Eso también es una importante tarea que se nos abre: democratizar la información y mantener al día a todos los participantes, dejar abiertos las líneas políticas sobre las que discutir.

2) Oscar Méndez: trabajador, aspirante a militante de Catia, uno de los sectores barriales más populosos de la ciudad de Caracas, activista de base de toda la vida.

Argenpress: ¿Cómo ves tú la conformación del PSUV? ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos con todo esto?

Oscar Méndez: Esto es algo muy novedoso. Aquí nunca se había dado algo así. Anteriormente Acción Democrática, que mal que bien era el partido que se identificaba con el pueblo, fue una organización fuerte, sin dudas. Pero nunca tuvo el grado de fortaleza que estoy viendo ahora con el PSUV. Esta vocación por participar que tiene ahora la gente no se había visto nunca antes con la gente de Acción Democrática. Claro que la militancia que ellos tenían era algo completamente diferente. Ellos compraban a la gente, de muchas maneras. Por ejemplo: con láminas de zinc, con materiales de construcción, con arena. De esa manera llegaron a tener mucha gente. Pero eso era populismo, no más. Pero ahora veo que la situación es muy diferente; ahora veo a la gente mucho más comprometida con el proceso, y de una manera u otra quiere participar. Y se nota que eso es de corazón, espontáneo, auténtico. La gente está muy motivada, muy dispuesta a colaborar. Se ve una participación mucho más real, desinteresada. Y hasta sucede algo muy especial: se han inscripto como aspirantes a militantes incluso personas que no simpatizan con el gobierno. Como ven que este gobierno va para rato, hay más de un oportunista que se metió al partido a ver si puede conseguir algo; pero eso habla de la percepción de la gente: todos ven que este proceso llegó para quedarse.

Argenpress: ¿Puede ser un peligro para la construcción del PSUV ese oportunismo que se da?

Oscar Méndez: Claro que sí. Siempre esos infiltrados vienen a obstaculizar un proceso. Sucede lo mismo que pasó cuando se hizo la Constitución actual: la derecha logró infiltrarse y así sacaron leyes que hoy va a haber que modificar, porque ni son populares ni revolucionarias. Si no andamos con cuidado, tal vez eso pudiera pasar aquí. Y eso, si sucede, a la larga va a perjudicarnos. Lo mismo podría llegar a pasar también en la reforma constitucional que se viene ahora: si no nos andamos con cuidado con la gente que se acercó como aspirantes a militantes, si no tenemos la seguridad que es toda gente de corazón que está luchando por un cambio real, llegado el momento quizá no votan por el “sí” para la reforma constitucional. Y ahora todos tenemos que participar para tratar este tema, todos, sin excepción, porque necesitamos una victoria clara, contundente, para que no queden dudas. Ese es el problema: si hay gente oportunista que se acercó al partido, eso puede terminar jodiendo el proceso. Son los potenciales enemigos, los traidores, los que pueden impedir el avance de la revolución que estamos construyendo.

Argenpress: ¿Y qué debemos hacer para que no se nos vaya de la mano este proceso, para cuidarnos de tanto oportunista que puede estar dando vueltas por ahí?

Oscar Méndez: Hay que motivar mucho a la gente, informarla, hacerle tomar conciencia de lo que significa este nuevo partido que se quiere formar. Hay que motivarla, y además instruirla.

Con seguridad que en el barrio donde yo vivo la amplia mayoría indiscutible está con el gobierno; pero de todos modos la gran mayoría no está muy informada. Lamentablemente hay que reconocer que mucha de esa gente todavía es muy manipulable. Aunque ya empezaron a abrir los ojos, por la misma falta de instrucción que hay en general, a la gente se la manipula muy fácil todavía. La verdad es que gente con claridad política hay muy poca. Todavía la población está muy a merced de la derecha, de los chantajes que nos hacen con los medios de comunicación, de la manipulación de la televisión. Por ahí se dice que el gobierno les va a quitar los hijos, o cosas por el estilo, y si bien con Chávez ya la gente piensa más y se da cuenta de las cosas, aún sigue siendo muy débil ideológicamente. Y por tanto es muy fácil que se la intente confundir. Aunque la población es chavista, aún le falta un nivel de conciencia política fuerte. Por eso es muy importante un partido que llegue a la gente y la informe, la instruya, le haga ver las cosas tal como son. La derecha nunca se va a cansar de seguir haciendo eso, de seguir mintiendo y manipulando tratando de confundir a la gente. Y si la gente no tiene esa fortaleza ideológica, esa claridad política, es muy probable que a la larga la puedan terminar convenciendo. Eso es un peligro, y de ahí la necesidad de un PSUV fuerte que sepa orientar a la población.

Algo que hay que reconocer es que, lamentablemente, en la gente sigue habiendo aún un poco de apatía. Por ejemplo, de los más de cinco millones de inscriptos como aspirantes es sólo un millón y medio el que está participando en las Asambleas de Batallones. El chavismo gana por muerte en los sectores populares, pero de todos modos hace falta todavía mucho más trabajo político, mucha más instrucción para la gente. Que se hayan inscripto como aspirantes a militantes no quiere decir que automáticamente hayan levantado su nivel de conciencia política.

Están con el proceso, pero me parece que aún se ve una gran debilidad en los aspectos culturales, en las ideas políticas que tiene la gente. La prueba está en que no es todo lo masivo que se hubiera esperado la participación en los Batallones. Es importante toda la participación que se está dando, es innegable. Pero creo que falta más aún. No quiero decir que no hay organización popular; no, de ninguna manera. Lo que me parece es que hay que seguir reforzándola, haciéndola crecer. Y si de pronto se ve corrupción o ineficiencia en algunos funcionarios del gobierno, como efectivamente pasa a veces, la gente se puede desmotivar más.

Argenpress: ¿Persiste aún una cultura asistencialista en la población? ¿Cómo superar eso entonces?

Oscar Méndez: Es bien difícil, porque hay una cultura asistencialista muy arraigada que ya lleva muchos años. Es muy típico que cualquiera al que con una lluvia se le cae el rancho que tenía hecho en un cerro, inmediatamente sale reclamándole al gobierno. Eso ya es una forma de pensar, una cultura. En realidad se espera todo del gobierno, mágicamente, y eso no es tener un nivel de conciencia político real. Mientras se sigan haciendo ranchitos precarios en las laderas de los cerros, seguro que se van a seguir cayendo. Y eso no lo puede arreglar el gobierno. La situación es más compleja. Si uno construye en un lugar peligroso ya sable que corre riesgos; pero como está tan generalizada esa cultura asistencial, supuestamente es el gobierno el que tiene que arreglar las cosas, aunque sea sólo con remiendos. Y así nos hemos pasado no sé cuántas décadas.

Algo importante de destacar es que seguimos muy dominados por las matrices de opinión que nos mete la derecha. Siempre presentan las cosas como que en el barrio o estás con Chávez o si no te joden. Y no es así, para nada. Muchas veces hasta es al revés.

Argenpress: ¿Cómo ves el arranque que ha tenido el PSUV? Aunque quizá es muy prematuro planteárselo en forma terminante, pero ¿qué futuro le ves a esta iniciativa?

Oscar Méndez: Por la forma en que arrancó creo que puede ser una experiencia exitosa. Te repito lo que decía antes: que esto es algo novedoso, que nunca antes se había visto en Venezuela. La gente está muy motivada a participar, y está haciéndolo masivamente. De una u otra forma, pero se ve una gran participación. Me parece muy importante contar con un partido fuerte que sirva como plataforma para los planes del gobierno. Pero un partido nuevo, donde no primen los intereses personales de nadie, tal como sucedió en todos esos partidos que formaban el MVR, partidos que finalmente terminaban mostrando las garras, que estaban ahí con Chávez sólo por conveniencias. Y si eso sigue así, seguimos igual que cuando la época de AD y COPEI.

Y creo que tenemos que superar eso ya. Sin dudas mucha de esa burocracia va a seguir estando, o intentándolo por lo menos, en el PSUV. Pero creo que llegó el momento de hacer algo nuevo, no basado en los puros interese personales sino pensando de verdad en el socialismo, en salidas socialistas para beneficio de todos. Hay que estar atentos a todos estos infiltrados y oportunistas, gente que llega sólo por el carnet pensando que eso le va a solucionar la vida. Pero hay que hacer algo nuevo.

OPINIÓN Octavio Islas

Más allá de consignas populares de la vieja izquierda, el Partido Socialista Unido de Venezuela permitirá que Hugo Chávez permanezca en el poder tantos años como Fidel en Cuba.

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