La Coctelera

Venezuela: Conclusiones tras contemplar una manifestación a favor de RCTV

VENEZUELA… ARGOS: JUNIO 13 DE 2007

Por: Pascual Serrano

Rebelión

El 10 de junio me tropecé en Caracas con una manifestación de oposición a Chávez en la que protestaban por la no renovación de la licencia a un canal de televisión. El gobierno de Venezuela no ha renovado la licencia a la televisión privada RCTV para poner en funcionamiento una cadena pública llamada TVES (Televisión Social). Lo primero que me llamó la atención es que no esgrimían banderas o pancartas de sus diferentes partidos políticos u organizaciones sociales, portaban banderas de una empresa privada de televisión. Era como encontrarse en la capital de un país con una movilización política en la que los manifestantes tuviesen como siglas aglutinadoras o partido político a Coca-Cola, helados Pepe, CNN o Radio Popular. Es una muestra clara de cómo algunas empresas privadas de comunicación, burlando toda la legislación destinada al control ético y financiero de los partidos políticos, están sustituyendo a éstos como organizaciones de oposición política. Por su parte, los manifestantes también gritaban dos consignas muy peculiares: “Queremos democracia” y “RCTV es social”. El gobierno venezolano puede gustar o no, la nueva televisión pública estar bien hecha o no. Pero una corporación empresarial que explota una televisión comercial no puede tener nada de democracia o de social. No hay modelo o propuesta política más empobrecida intelectualmente que igualar democracia y social con una empresa de televisión privada que además pasará a la historia por sus telenovelas y reality shows.

Había otro slogan muy peculiar: “RCTV, tenemos con qué”. ¿Con qué, qué? Nos preguntamos. Una televisión es para verla, pero una expresión como “RCTV, tenemos con qué ver la televisión”, no es una oración coherente. La afirmación “RCTV, tenemos con qué”, sugiere que la televisión es una herramienta para conseguir algo, un medio con el que conseguir un fin. “Tenemos un destornillador con el que desmontar la lavadora”, podemos decir. Por tanto, “RCTV, tenemos con qué”, sólo sugiere que quienes lo gritan plantean que tienen una herramienta con la que llevar a cabo un objetivo. Dado que la defensa de RCTV se hace desde una clara posición política de oposición a Chávez, el objetivo para el que dicen tener a RCTV es político. Pero los medios de comunicación no están para lograr objetivos políticos. Si fuera así estarían incumpliendo todos los compromisos para los que se estableció la libertad de expresión y el derecho a la información. Incluso, entonces, quien no tenga una televisión, no tiene “con qué”. Estaríamos, por tanto, dinamitando el sistema político democrático, si, convertida la televisión en una herramienta para la política, unos tienen con qué y otro no tienen con qué hacer política. Hay que romper con ese modelo pervertido de medios de comunicación.

Por otro lado, la prueba de cómo estos sectores nunca entendieron la democracia, es la expresión que, según me contaron, gritó una mujer ante las cámaras para argumentar la razón por la que no debería suspenderse la renovación de RCTV: “Los gobiernos cambian pero las televisiones permanecen”. Esa frase esconde toda la tragedia de la dictadura mediática que sufrimos. Los ciudadanos podemos cambiar con nuestro voto un presidente o un gobierno, pero no hay modo, según sugiere la señora, de cambiar a los propietarios de un espacio radioeléctrico que es limitado y público. Es decir, hay alguien más poderoso que un presidente, alguien al que no puede derrocar una sociedad aunque lo desee, alguien que no está sometido al control o a la valoración de los ciudadanos: el dueño de una televisión.

Por tanto, simplemente escuchando a esas personas podemos llegar a las siguientes conclusiones: que no tienen una organización política, su propuesta es una televisión; que ésta no la quieren como medio de comunicación sino para lograr un objetivo político y que, tienen claro, que su televisión-organización política-herramienta de intervención política deben tenerla gobierne quien gobierne y deseen lo que deseen los ciudadanos. Estamos, por tanto, ante un grupo social que quiere terminar derrocar a un gobierno legítimo y terminar con un sistema democrático. Y eso, en las democracias consolidadas, es delito.

www.pascualserrano.net

Entrevista a Eduardo Lugo, periodista de la cadena venezolana Vive TV

"Le hemos quitado un arma importante al Imperio"

VENEZUELA… ARGOS: JUNIO 13 DE 2007…

Por: Mirari Isasi

Gara


Proveniente de los medios de comunicación comunitarios, ahora trabaja en la televisión estatal Vive TV de Venezuela. Justifica la no renovación de la licencia a la «golpista» cadena privada RCTV, un proceso que, asegura, nada tiene que ver con recortes al derecho a la libertad de expresión.

Eduardo Lugo estaba en Euskal Herria cuando el Gobierno de Venezuela tomó la decisión de no renovar la concesión de la licencia de emisión a la televisión privada RCTV, cuyo lugar ocupó la estatal TVes, pero conoce bien lo que está pasando allí y se muestra un sorprendido por las informaciones que han llegado a este lado del Atlántico. Afirma que el proceso ha sido «totalmente legal» y que fue avalado previamente con una recogida de firmas entre la ciudadanía, por eso, califica de «desproporcionado» que haya quien ha instado a la intervención de la OEA y quien pretenda.

Aunque la tensión ha disminuido en las calles, continúan los disturbios en ciudades como Caracas, Maracaibo y Valencia, «pero están controlados en su mayor parte», asegura. Incide en que la situación más difícil de controlar se ha dado en Maracaibo, cuyo gobernador es «muy opositor y uno de los que han financiado los focos de violencia que se han dado».

Las informaciones que han llegado a Euskal Herria hacen hincapié en que las protestas las están llevando a cabo estudiantes -a los que el presidente, Hugo Chávez, calificó de «peones del imperialismo»- y profesores universitarios, pero Lugo matiza que quienes han salido a la calle han sido «las universidades privadas, que nunca antes se habían implicado en nada, porque las públicas en ningún momento se han sumado».

Trabajadores y directivos

Cita también como aspecto «un poco curioso» el que «a la hora de la comida, multinacionales como McDonalds o Burger King acuden a llevarles comida a quienes están participando en los desórdenes». Asimismo, aclara que a quienes se ha presentado en las imágenes como trabajadores son en realidad directivos y cargos de la cadena televisiva, «pero no a técnicos, productores ni camarógrafos...» De hecho, explica que un grupo de sus empleados realiza ahora trabajos como productores independientes y es precisamente con productores independientes como trabaja TVes.

En cierto modo, a Lugo no le ha sorprendido la reacción que ha habido a la no renovación de la licencia de RCTV puesto que se trata de una cadena muy «poderosa» que, además, «está financiada por otros estados y otras empresas privadas», pero resalta que antes del golpe contra Hugo Chávez del 11 de abril de 2002 ya «estaba haciendo mucho daño a los televidentes».

En relación a lo sucedido en abril de 2002 recuerda que «ellos fueron los que incitaron a la gente a salir a la calle, a la Miraflores, a atacar a la embajada cubana y agredir a todos aquellos que llevaran boinas o camisas rojas... Nos tildaron de guerrilleros, asesinos... y la gente nos quería golpear, lo mismo que si identificaban medios de comunicación alternativos o los medios comunitarios».

A lo mejor por eso, aquel fallido golpe fortaleció las televisiones comunitarias. Lugo, firme defensor de este modelo informativo, incide en que el Gobierno de Chávez «ha dado tanta libertad que han surgido más medios comunitarios». Unos medios que informan de y para las comunidades.

Niega Eduardo Lugo que el caso de RCTV tenga algo que ver con un recorte a la libertad de expresión ni a los medios de comunicación privados, tal y como se ha querido trasladar a la opinión pública internacional. Asegura que todos los medios tienen libertad de expresión en Venezuela -donde el 80% de las televisiones son privadas- y que precisamente RCTV lo ha ejercido al límite. «En otro mandato y con otro presidente, habrían cerrado el canal. La RCTV atacó, se burló y ofendió con algunos de sus programas no sólo a Chávez sino a las instituciones del Estado -afirma-. Allá todo el mundo puede decir lo que quiera, sin que por eso se cierre un medio de comunicación».

Por eso, no admite que países como EEUU o Europa, donde se han cerrado periódicos, radios y televisiones, den lecciones de democracia a Venezuela, donde eso no ha ocurrido ahora. «En Venezuela, cuando el golpe de Estado contra Chávez, cerraron Venezolana TV y unas semanas después el entonces alcalde y uno de los mayores golpistas que controló la Policía Metropolitana cerró Catia TV -recuerda-. Nosotros no hemos cerrado nada, simplemente no se ha renovado la concesión».

«Han fracasado»

Él lo tiene muy claro cuando subraya que «le hemos quitado un arma al Imperio, un arma importante con la que estaba haciendo mucho daño», de ahí la respuesta. Se ha acusado a RCTV de ser un canal que respondía a los intereses de las transnacionales y de la burguesía venezolana «vendida» a los intereses de EEUU y que intentaba «desestabilizar» la República Bolivariana. Lugo agrega que «hay estados que habían invertido mucha plata en RCTV, en la campaña en contra de Chávez, y han fracasado».

Y es que todo vale contra Hugo Chávez, que se ha convertido en una referencia para los pueblos de América Latina, porque «aunque los opositores dicen que Chávez está regalando el petróleo y la plata, nosotros no estamos regalando nada, estamos ayudando a quienes lo necesitan», ayudando a recuperar la dignidad y a no ser sumisos a los intereses de las grandes empresas que han esquilmado las riquezas y recursos de Latinoamérica. Cree que el presidente venezolano es un «referente de liberación».

Quizá por eso, en Venezuela muchos se preguntan por qué el país está ahora en el ojo del huracán y, en cambio, nadie protestó cuando RCTV fue cerrada durante varios días en 1976 por «difusión de noticias falsas»; precintada durante horas en 1980 por «sensacionalismo»; cerrada en 1981 por «difusión de programas pornográficos» o condenada en 1984 por ridiculizar al presidente de la República. Y todo antes de que Chávez fuera elegido por primera vez

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