Escribiendo multimedialmente. La obra de Jay David Bolter

Publicado en http://weblog.educ.ar/protagonistas/archives/009410.php
Alejandro Piscitelli



Conocer al autor en persona
Bolter con Katherine Hayles en México recientementeConocer (o no) al autor en persona ha sido una constante para mí a lo largo de las décadas. Conocerlo en su apogeo, como aconteció con Michel Foucault; no conocerlo porque se murió meses antes, como me pasó con Gregory Bateson; ser amigo, como me pasó con Francisco Varela; verlo en su momento de maduración, como me pasó con Fernando Flores, o descubrirlo en sus inicios, como Umberto Eco a principios de los 70; conocerlo tardíamente, en el apogeo de su fama, como me pasó con Manuel Castells el año pasado.
Por algún motivo insondable en estos últimos años he conocido a numerosos autores que, o bien leí hace una década o dos atrás, o bien siempre quise corporeizar, o bien supuse -casi siempre afortunadamente- que valdría la pena sacarlos del papel y alternar con ellos presencialmente.
Por eso cuando Octavio Islas y Fernando Gutiérrez Cortés me invitaron a abrir la 8ª Conferencia de la American Ecological Association, uno de los grandes "bonus" era conocer a dos o tres próceres de la ecología de los medios, que engalanarían con su presencia este evento. Y por suerte, esta vez la volví a pegar.
Un grande entre los grandes
Una luminaria que nos merece el mayor de los respetos es Jay D Bolter, a quien Brian Eno ha llamado a "el nuevo Gutenberg". Su obra zigzaguea el mismo orden conceptual alguna vez atravesado por Marshall McLuhan, Ted Nelson, Douglas Engelbart, y obviamente el propio Johannes Gutenberg. El hipertexto (fue uno de los desarrolladores de Storyspace, una de las pocas y exclusivas herramientas de autoría hipertextual que cumple con lo que promete), la evolución de los medios y el rol de la computadora en los procesos escriturales y educativos son algunas de sus múltiples obsesiones.
A lo largo de dos décadas ha escrito obras importantes como Turing's Man; el fundacional Writing Space: Computers, HyperText, and the History of Writing (aparecido originalmente en 1991 y con una segunda versión corregida del 2001: Writing Space: Computers, Hypertext, and the Remediation of Print), Remediation: Understanding New Media (con Richard Grusin). Su trabajo más reciente es en colaboración con Diane Gromala: Windows and Mirrors: Interaction Design, Digital Art and the Myth of Transparency.
Todo lo anterior es literalmente cierto y se lo encontrará repetido numerosas veces en las más de 100.000 referencias que hay a Bolter en la Web. Pero en esas semblanzas biográficas y en las entrevistas y análisis textuales o paratextuales de su obra no se podría jamás captar la dimensión relacional de Bolter.
Un hombre que está a la altura de su escritura... y no son muchos
Jay D BolterFlaco, enjuto, alargado, distinguido, aparentemente frágil pero capaz de aguantar 14 horas de conferencias de un solo tirón, se paseó permanentemente con un saco y corbata y pantalón al tono, cargando un bolso medio raído que remite a un congreso sobre medios digitales acaecido en Finlandia en el 2003.
Le encanta conversar y no tiene empacho en compartir cartel, oropeles y un buen taco de carne en un Sanburns de medio pelo en la Avenida Insurgentes, cerca de la Colonia del Valle, después de nuestra sesión en la AMIPCI, mientras va absorbiendo lentamente su primer viaje más o menos en serio a México, ya que la vez anterior sólo estuvo de visita en Tijuana que, de García Canclini en adelante o para atrás, es tan sólo –lo que es decir muchisimo– el epítome de las culturas híbridas y por lo tanto mexicana al 50%, o en el porcentaje que más les guste.
Bolter es probablemente –junto a George Landow, además de su compañera de trabajo Janet Murray, Katherine Hayles, que por suerte compartió escenario con nosotros estos días en Atizapan, y algunos capitostes del Media Lab– uno de los principales teóricos mundiales de los medios digitales -en un pie de igualdad con Lev Manovich, aunque con una visión -y una práctica- totalmente distinta de la de este.
Has recorrido un largo camino... muchacho
Habiendo hecho sus primeros pininos intelectuales en las lenguas clásicas –griego y latín– llegó a cruzarse con McLuhan durante su estancia en Toronto en los años 70, pero no fue ni su discípulo directo, ni en esa época estaba demasiado interesado en los medios.
Al contrario, recibió su BA de griego de manos del Trinity College, The University of Toronto, en 1973, y en los años 1977 y 1978 recibió primero un doctorado en Lenguas Clásicas y después un máster en Ciencias de la Computación, en ambos casos de la Universidad de North Carolina, mostrando de este modo su bilingüismo tecnocultural nativo, que lo ha convertido en un representante más que conspicuo de la Tercera Cultura.
Después de sus estancias en Toronto y North Carolina finalmente recaló –a principios de los años 90– en Georgia Tech, donde encontró además de un ambiente acogedor la mejor combinación posible de Tercera Cultura (tecnología + humanismo) para salirse del mundo autista de las ideas, del mundo tentador pero sin proyecciones de los prototipos y finalmente dedicarse a la investigación de campo en el uso social de las tecnologías, en lo que está enfrascado actualmente.
Las ventajas del bilingüismo tecnocultural
En los últimos años se está dedicando intensamente a las áreas de la percepción aumentada y de la computacional social y móvil. Viniendo de la más rancia estirpe de los críticos culturales y literarios -conoce profunda y detalladamente la obra de Derrida, Baudrillard, Habermas– al mismo tiempo es -algo bastante excepcional y producto de su doble formación humanista y científica a la vez- un interlocutor habitual de teóricos de los medios digitales como Espen Aarseth, Jesper Juul, Ian Bogust, y nos sorprendió más que gratamente con sus dos charlas principales dedicadas a las fuentes intelectuales de la Web 2.0 y a la politica oscilante entre transparencia y reflexividad de los principales partidos políticos norteamericanos, ilustrada con ejemplos de la cultura popular y coronada con un análisis de 24 que nos hizo vibrar.
Con tales antecedentes, Bolter -una versión actualizada de Walter Ong y de Harold Innis– es una persona más que indicada para indagar hasta qué punto en términos de genealogías mediáticas la Web cumple con lo que promete en tanto potenciación de nuestras capacidades cognitivas.
Porque hace rato que la Web ha dejado de ser un mero espacio de intercambio de bytes. La Web es ella misma espacio de experimentación de nuevos formatos y generadora de nuevos estilos de comunicación y de nuevas áreas de interacción inimaginables en su ausencia.
En la Web encontramos de todo para todos. Sitios de noticias y páginas personales, sitios corporativos para el marketing y las ventas, sitios de entretenimiento, juego y pornografía, y el universo entre fascinante y tedioso de las webcams.
Formas de saber lo que estamos ganando/perdiendo
Pero un universo de esta magnitud y densidad, que involucra a tantos actores y medios, es lo que es hoy gracias a las fuerzas combinadas y contradictorias del capitalismo global, que por un lado lo convierte en la fase superior de la innovación y la productividad y al mismo tiempo genera infinitos anticuerpos para criticar y cuestionar al propio capitalismo, en un vaivén tan dramático como confuso.
Por otra parte, la Web ha decepcionado a los teóricos -como el propio Bolter- que a fines de los años 80 y principios de lo 90 habían desarrollado sofisticados sistemas de hipertexto con protocolos de linkeo y con propuestas para la interacción entre el lector y el autor infinitamente mejores que las que tenemos hoy.
Una vez más la teoría de las redes de innovación social de Ilka Tuomi se aplica a este caso. Porque si la Web triunfó allí donde los sistemas de hipertexto como Storyspace no lograron hacerlo, es -dice Bolter- porque la Web capturó la imaginación de nuestra cultura con una fuerza y una pregnancia que esos sistemas minoritarios, elitistas y profundamente vanguardistas no lograron (algo parecido sucedió con el sistema Xanadu de Ted Nelson).
Lo que probablemente todos estos fracasos tengan en común es a lo que alude Steven Weinberger en Everything is miscellaneous: se trata de taxonomías, ontologías y prácticas clasificatorias top down profundamente cuestionadas por el software social y las prácticas colaborativas bottom-up, que caracterizan los inicios de este tercer milenio.
Una vez que la Web adquirió status gráfico en 1993 todo estaba listo para que se convirtiera en un fenómeno cultural y económico. Y justamente una de las dimensiones más dinámicas y ricas de su transformación es su devenir multimedial y polimórfico enmarcado en correlativas nuevas formas de interacción que apuntan hacia un convergencia computadora + TV bastante confusa y lejos de lograrse aún.
Un hombre de múltiples sombreros y calidades
Jay D BolterBolter tiene muchos sombreros y sería fascinante poder atravesar con él los meandros que hicieron posible Storyspace, aunque quedaron circunscriptos a unos miles de autores en el mundo, entre ellos Bruno Vecchi , que nos acompañó durante gran parte del día de ayer en la última jornada del Congreso.
Uno de los aspectos más interesantes que cabe rescatar del trabajo de Bolter son sus implicancias educativas. El caballo de Troya del hipertexto en la educación no es otro obviamente que la introducción de la Web, que en tradiciones educativas como la norteamericana -pero también en otras latitudes- ha sido mucho mas rápida, mucho más fulminante y mucho más intensa que en los casos anteriores de nuevos medios como la fotografía, el cine, la radio y la televisión.
Tradicionalmente la educación ha desestimado, marginado o directamente estigmatizado a estos "nuevos medios". Pero parece que esta vez la malla de resistencias e intereses no está operando con la misma eficacia en el caso de la Web.
Circunviniendo a las gramáticas de resistencia escolares
La facilidad con que la escuela había neutralizado el avance de los nuevos medios está vinculada con su defensa a ultranza del texto como vehículo privilegiado, estratégico y determinante de la transmisión cultural.
Aunque la discusión está abierta y se polariza cada día más y más, somos muchos los que estamos convencidos (y Bolter se alinea en esta prosapia) de que el lugar proyectado natural de la computadora es la escuela, que todas las escuelas deberían estar conectadas a internet, que los estudiantes deberían tener acceso a la Web (la discrepancia aquí está dada por el grado de libertad o libertinaje).
Entre las consecuencias que un uso masivo de la Web tendría para la producción escolar (y ya tenemos numerosos antecedentes de los cuales dos buenos ejemplos son, a nivel del secundario webcreatividad, y a nivel universitario Datos) serían (son) tanto un estilo hipertextual de escritura, cuanto un énfasis creciente en la comunicación visual que lleva al uso complementario de imágenes cuando no directamente a la sustitución del texto.
Dado que la educación de todos los niveles sigue siendo lineal y textual, el cambio que se avecina puede ser epocal. Pero Bolter no dice que la alfabetización dejará de ser valiosa (algo que escuchamos demasiado alegremente de la pluma de Papert) sino que la alfabetización visual le pisará los talones al punto de tal de competir abiertamente con la primera.
Genealogías, filiaciones y agradecimientos
Donde Bolter se revela un auténtico grande -haciéndose eco permanentemente del tipo de análisis que realiza Bruno Latour- es cuando se declara agnóstico respecto de la ventaja relativa de la linealidad sobre la hipertextualidad o viceversa. Para él ninguno de estos dos formatos es natural, y los ve a ambos como formas muy sofisticadas y aprendidas de expresión.
La seriedad y generosidad de Bolter trasunta en múltiples planos. Por ejemplo, el respeto con que trata a sus colegas y el rango de colaboración que impera en sus trabajos. Entre sus referencias y destacados se encuentran Michael Joyce, George Landow, Janet Murray, Lev Manovich, del lado de los literarios.
Del lado de la divisoria digital ubica también en lugar destacado a Califia de M. D. Coverly, la poesía kinética de John Calley, las instalaciones digitales y las creaciones de Mark Amerikam, y a Diane Gromala, que fue directora de la SIGGRAPH 2000 Art Gallery, que dio lugar a su último libro Windows and mirrors, una forma más -y nada menor- de intentar averiguar para qué sirven realmente las computadoras. En eso estamos.
Fuentes:
Entrevista con frontwheeldrive.com en 2001
Próximamente se publicará en educ.ar la entrevista exclusiva realizada a Bolter el pasado jueves 6 de junio, en México, DF.