Sobre el cierre de RCTV
Carlos Arcila Calderón

A todos mis amigos, familiares, alumnos y profesores:


Llegado el momento del cierre del canal venezolano Radio Caracas Televisión (RCTV), no quería dejar pasar la ocasión para manifestar, desde donde mejor sé hacerlo –la comunicación-, mi punto de vista sobre este acontecimiento de lo más relevante. Lo primero es aclarar que al comienzo de este texto me he referido a la decisión de no renovación de la concesión de la señal de esta emisora privada con el término "cierre", porque éste es –al fin y al cabo- el efecto real y directo de la decisión administrativa de no otorgar nuevamente el uso del espacio radioeléctrico que había venido disfrutando RCTV durante más de 50 años.

Aunque el gobierno ostentare poderes discrecionales para renovar o no la concesión, -cosa por cierto discutible- debe apegar toda actuación discrecional al derecho, incluyendo por supuesto a los principios que lo informan. Si fuera cierto como afirma el gobierno que la administración de turno puede lícitamente otorgar a su puro antojo las concesiones del uso del espacio radioeléctrico, la libre divulgación de ideas no sería más que una vaga ilusión, y el derecho a la libertad de expresión estaría vacío de contenido, puesto que con sólo conceder concesiones a una determinada línea de pensamiento, el Estado controlaría efectivamente qué ideas se divulgan, instaurándose de facto un mecanismo de censura. Entendido esto, de ahora en adelante, llamaré "cierre de un canal privado" al acontecimiento con que nos encontramos a las 00 horas del día 28 de mayo de 2007.

Como periodista y estudioso de la comunicación, pero sobretodo como ciudadano, he decidido tomar posición sobre lo que hoy muchos vemos con ojos aterrados ante lo que significa, en términos de libertad de información, el cierre de la planta televisiva más antigua de Venezuela. Y esto es así porque esta decisión gubernamental afecta necesariamente a todos los habitantes de esta gran comunidad llamada Venezuela, tanto a quienes hoy critican la labor del Gobierno, como a quienes –por múltiples razones- la apoyan. Nos afecta a cada uno en los espacios más íntimos de nuestra cotidianidad: en aquéllos donde, como usuarios y consumidores, construimos constantemente nuestra realidad, es decir, en los espacios donde otorgamos sentido a lo que creemos saber sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno. Ese espacio es precisamente la comunicación, pues gran parte de nuestro desarrollo individual y social se debe, en buena medida, a las pautas que nos vienen transmitidas desde las interacciones humanas, sean éstas mediadas o no.

RCTV forma parte de ese espacio mediado. Es un medio y un mediador que, como todos los demás que hemos conocido, responde a sus intereses y a los de su audiencia. Es parte de la gran maquinaria de la industria cultural que los seres humanos hemos construido desde que la explosión de instrumentos tecnológicos nos lo ha permitido. Yo diría, con absoluta responsabilidad, que RCTV ha sido en parte una herramienta de consolidación de nuestras propias "visiones del mundo", es decir, de la forma en que, a partir de nuestros valores, creencias, expectativas y sentires, entendemos el mundo que nos rodea, para luego, actuar en él. Más que un medio manipulador y –en términos del presidente Hugo Chávez- terrorista, esta emisora televisiva ha sido parte de una "puesta-en-escena" de nuestra propia identidad, ya que se ha servido de nuestras matrices culturales para permitirnos ver por televisión quiénes somos, cómo sentimos y hacía dónde queremos ir como colectivo social.

En este sentido, cualquier responsabilidad que tenga que ver con la calidad de su programación y de sus contenidos debemos asumirla nosotros mismos: los venezolanos, quienes, debo añadir, no somos tontos ante lo que presentan los medios de comunicación. Todo lo contrario, gracias a la libre circulación de mercancías mediáticas (que hoy se ve cercenada) hemos aprendido a usar los mensajes comunicativos en función de nuestros propios intereses y a asumir como verdaderos aquéllos con los que nos sintamos más cómodos. Hemos sido capaces de resistir gran parte de los intentos de manipulación (o llamémoslo de persuasión) que han venido desde los medios privados y hoy –con una gran potencia- desde el Gran Estado Comunicador.

De acuerdo con el anterior planteamiento, justificar el cierre de RCTV desde lo que los oficialistas llaman la "no renovación de la mentira" es un completo absurdo y sólo puede llevar a visionar el endurecimiento de una perjudicial batalla contra nuestras libertades más fundamentales, en tanto en cuanto los límites del derecho a la información y expresión sólo pueden ser entendidos desde la comprensión de nuestro actuar comunicativo, es decir, desde los mismos límites que el ser humano marca al poder controlador y manipulador de los emisores y de los medios.

El hecho de que hoy salga del aire RCTV, con todo lo que ello involucra (la amenaza, la ejecución y la autocensura de los otros medios), es un paso claro y firme de una política cuya arma es el pensamiento único y centralizado, que no respeta nuestra diversidad como venezolanos y la pluralidad de las ideas. Es un atentado contra la libertad de información y no un justo control sobre ella. En un retroceso ante nuestras conquistas ciudadanas, porque nos plantean como individuos tarados fácilmente manipulables. Es, asimismo, el cierre de un mecanismo de identificación y disfrute a través de cual varias generaciones han construido estrategias de "re-conocimiento" al apropiarse de sus contenidos.

Dicho esto, no me queda más que rechazar la "no renovación de la mentira", porque esa mentira es la verdad de muchos y porque este hecho nos aparta de la heterogeneidad de las pequeñas y múltiples historias que representan la esencia de las sociedades de nuestra era y nos pretenden conducir hacia la elaboración de un gran y único relato.