La Coctelera

Palabras del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Felipe Calderón Hinojosa, durante la Firma del Decreto por el que se Derogan Diversas Disposiciones del Código Penal Federal, que tuvo lugar en el Salón Adolfo López Mateos de la Residencia Oficial.

Muy buenas tardes.

Señor Alejandro González Alcocer, Presidente de la Comisión de Justicia del Senado de la República.


Senador Jorge Castro Trenti, Presidente de la Comisión de Estudios Legislativos del Senado.

Diputado Gerardo Priego, Presidente de la Comisión Especial para dar Seguimiento a las Agresiones a Periodistas de la Cámara de Diputados.

Diputado César Octavio Camacho Quiroz, Presidente de la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados.

Diputada Omeheira López Reyna, Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados.

Señoras y señores miembros de los medios de comunicación, difusores, comunicadores.

Señoras y señores.

Es un honor para mí recibir a tan distinguidos representantes de los medios de comunicación de todo el país, recibir a quienes día con día difunden con profesionalismo, con amor a México las ideas, las noticias, las opiniones sobre el acontecer nacional.

Sean todos ustedes bienvenidos a esta casa que es casa de todos los mexicanos.

Hace más de siglo y medio en el Monitor Republicano se publicó en la editorial: “Que nos quiten las demás libertades con tal de que nos dejen la libertad de prensa, pues con ella reconquistaremos en breve todas las demás”.

Estas palabras nos recuerdan que la libertad de expresión es una conquista histórica de nuestro pueblo y del ser humano, nos recuerdan que una prensa libre es indispensable para la consolidación del México democrático que anhelamos.

Hoy, con la firma y publicación de este Decreto, se derogan del Código Penal Federal los delitos de calumnia, difamación e injuria.

Con ello damos un paso histórico en esta lucha por consolidar y fortalecer la labor de los medios de comunicación.

Gracias a esta reforma los periodistas podrán ejercer su oficio sin temor de ser encarcelados por denuncias de quienes se consideren afectados por su labor informativa.

La despenalización de estas conductas era una demanda de todos los comunicadores y un requisito para consolidar nuestra democracia; sin duda, es una conquista de los mexicanos en favor de la libertad de expresión.

Ello no significa, como bien se ha dicho aquí, que el ejercicio del periodismo sea sinónimo de impunidad.

El honor, la reputación, el buen nombre de las personas o de las sociedades es un derecho que debe ser tutelado por el Estado.

Es por ello, y como sucede en las democracias más avanzadas, que la protección a la privacidad, al honor y a la reputación de las personas está y debe estar garantizada a través de sanciones civiles y económicas, y no a través de sanciones privativas de libertad.

Por ello, en el Código Civil Federal se establece la reparación del daño moral como sanción a quien haga uso indebido de su derecho de opinión, crítica o información.

Con este nuevo marco normativo se garantizan los principios fundamentales consignados en nuestra Carta Magna en materia de libertad de expresión y de opinión.

México se pone también a la vanguardia en el concierto de naciones democráticas en la tutela efectiva de la libre expresión de las ideas; éste, sin duda alguna, es un gran logro surgido en el seno de nuestro Congreso.

Pero más allá de la legislación, sabemos que lo que ampara a la sociedad son los principios y valores de apego a la verdad que deben acompañar la labor de los comunicadores.

Con mucho, estoy convencido de que la verdad nos hará libres y una sociedad requiere para fortalecer su libertad y democracia estar verazmente informada, además de la ley, podemos decir que el honor de las personas queda confiado también al honor de los medios y al honor de los comunicadores.

Sabemos, sin embargo, que aún existen grandes retos para garantizar efectivamente la libertad de prensa; una de las mayores amenazas que hoy enfrentan los informadores es la intimidación y la violencia.

En todo el mundo esta profesión conlleva riesgos, sobre todo cuando la labor informativa trastoca o amenaza intereses creados, particularmente los de quienes operan en la ilegalidad, y por desgracia estos riesgos existen en nuestro México.

En una auténtica democracia, esta situación es inadmisible; casos tan lamentables como el cobarde asesinato de Amado Ramírez y otros periodistas, muchos de diferentes medios de comunicación no pueden quedar impunes.

La muerte de periodistas deja un vacío profundo y doloroso en la sociedad entera; qué bueno que la Policía Federal Preventiva logró capturar a los asesinos materiales de este periodista.

Sé, sin embargo, que esta es una en muchas, muchas acciones criminales contra periodistas que en su gran mayoría por desgracia siguen impunes.

Sin embargo, esta detención de los presuntos asesinos del señor Amado Ramírez constituye un primer paso para el castigo de este crimen en particular y debe encaminarnos a evitar la impunidad de estos terribles actos.

Hoy quiero reiterarles, amigas y amigos, que tengo un compromiso personal con la labor de los medios de comunicación, que creo en la libertad y en la responsabilidad, que el Gobierno que encabezo está comprometido no sólo a respetar la libertad de prensa, sino a defender el libre y el seguro desempeño de la profesión, esta es una prioridad.

Y no escatimaremos esfuerzos para lograr el esclarecimiento y el castigo de los crímenes cometidos contra periodistas.

Salvaguardar la seguridad y el orden en todo el país es fundamental para que los ciudadanos ejerzan plenamente sus libertades y sus derechos.

Este es un gran reto nacional que requiere la acción del Gobierno, por supuesto, pero también la acción corresponsable de todos: los Tres Órdenes de Gobierno, los Poderes de la Unión, los diferentes partidos políticos, la sociedad entera, los medios de comunicación, desde luego; todos estamos obligados a formar un frente común contra quienes son enemigos de México.

Nuestra lucha por un país seguro, por una Nación con calles y con escuelas libres de criminales, exige la acción conjunta de sociedad y Gobierno.

Debemos dar pasos firmes y pasos decididos y permanentes en estos frentes.

El objetivo es muy claro: debemos defender a nuestros niños y a nuestros jóvenes de las garras de quienes tratan de envenenar su cuerpo y su alma a través de las drogas y a través de la cultura de la violencia.

México ni puede ni va a quedar en manos de criminales.

Por ello debemos emplear toda la fuerza del Estado para rescatar nuestras calles, nuestros parques, nuestras ciudades, nuestras escuelas.

A pesar de los costos y de los riesgos que implica en términos de dinero, de tiempo o por desgracia de vidas humanas, esta batalla vale bien la pena librarla, porque nos augura el México mejor al que aspiramos heredar a las futuras generaciones.

En la gran batalla que los mexicanos libramos contra la delincuencia, los medios de comunicación tienen un papel de mayor relevancia.

La delincuencia busca beneficiarse del temor y la zozobra para inmovilizar a la sociedad y al Gobierno.

Los medios de comunicación pueden brindar un invaluable servicio a la Patria, fomentando con su labor la unidad nacional en torno a este grave problema.

Los mexicanos no nos vamos a vencer ante este reto que pone a prueba nuestra entereza y nuestro carácter y fuerza como sociedad.

Señoras y señores:

El gran liberal mexicano Francisco Zarco, quien dirigiera, entre otros, el periódico El Siglo XXI, escribió alguna vez: “Cuando se establece una democracia perfecta, cuando el pueblo se gobierna por sí mismo, la consecuencia precisa es la libertad más completa para poder expresar el pensamiento”.

Toda amenaza a la prensa libre, decimos nosotros, es una amenaza a la democracia.

Las libertades de prensa e información, no sólo deben ser reconocidas, sino también garantizadas eficazmente por el Estado. No son una concesión graciosa, sino una condición de toda democracia.

Sin ellas, los ciudadanos libres no podrían acceder a diferentes fuentes de información y de pensamiento, ni formarse una opinión sobre los sucesos de índole económica, política o social que acontece en la vida diaria del país.

Los medios de comunicación son indispensables para que los ideales y valores democráticos se difundan y se arraiguen por todos los rincones del país.

Son también indispensables para tener diferentes formas de interpretar una realidad, diferentes fuentes para conocer una información cierta y en suma información valiosa para que cada ciudadano tome decisiones en lo social, en lo económico o en lo político.

Por ello, debemos seguir trabajando juntos los Tres Poderes de la Unión, juntos la sociedad y el Gobierno, juntos los partidos políticos para consolidar al periodismo nacional como una verdadera tribuna de las libertades de expresión, de prensa y de información.

Sé que todos ustedes, desde su trinchera, en los rotativos, en las cabinas de radio, en los estudios de televisión, los comunicadores seguirán contribuyendo al fortalecimiento del México democrático y plural, del México de libertades, de leyes e instituciones que día a día luchamos por consolidar.

Muchas gracias y enhorabuena.




OPINION Octavio Islas

Del primero de enero del 2000 al 31 de diciembre de 2006, 30 periodistas fueron asesinados en México y durante el gobierno del presidente Vicente Fox, 27 periodistas fueron asesinados.

De acuerdo con la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), México se convirtió en el segundo paísen el mundo en lo relativo a asesinatos y agresiones contra periodistas.

El asesinato del periodista Amado Ramírez Dillanes -ocurrido el fin de semana pasado-, quien se desempeñaba como corresponsal de Noticieros Televisa, en Acapulco, Guerrero, dio gran notoriedad mediática a las agresiones que enfrentan los periodistas en México.

Mientras la mayoría de asesinatos de periodistas permanecen impunes, ante el asesinato de Amado Ramírez, los cuerpos policiacos exhibieron gran pericia para capturar en menos de una semana a los presuntos homicidas.


Las acciones emprendidas por el gobierno de la República, si bien necesarias, se antojan forzadas por las circunstancias.



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