La Coctelera

SEGUNDA EDICIÓN

Hace ya más de cinco años coincidí con mis compañeros y amigos Jhon Jaime Osorio y Uriel Sánchez en nuestro primer día de clases de la Maestría en Educación en nuestra Universidad de Medellín. Desde el inicio nuestra afinidad profesional y el hecho de habernos visto algunas veces en los pasillos de la de Antioquia como estudiantes y en los de la Medellín como profesores de cátedra, hizo posible que conformáramos un grupo natural de trabajo, caracterizado por la camaradería y la crítica amigable pero implacable.

A pesar de tener distintos intereses y del desarrollo profesional de cada uno en áreas tan disímiles de la comunicación como el campo audiovisual, la comunicación corporativa y el periodismo; la empatía de trabajo y lo que Uriel y los de su campo denominan la sinergia fueron inmediatas entre nosotros.

Al terminar la maestría quedaron una buena cantidad de recuerdos y conocimientos pero, ante todo, una dinámica de trabajo que no quisimos perder y es allí donde surgen, de manera casi simultánea, el grupo de investigación IMAGO y el libro “La Imagen una mirada por construir”.

Enfrentarnos a la escritura de un libro, nuestro libro, hace casi tres años fue una labor deliciosa que disfrutamos con el inmenso placer ególatra e irresponsable de quien dice algo y tiene el descaro de someterlo a consideración de los demás. Uriel, Jhon Jaime y yo destinamos un pequeño monto de dinero para hacer realidad nuestro sueño de ver en letras de molde y sobre el papel nuestras pequeñas ideas sobre el tema de la imagen.

Nunca olvidaremos el olor a papel caliente y tinta fresca y el agradable peso del primer paquete de veinte ejemplares que tuvimos en nuestras manos. Tampoco olvidaremos las tardes, noches y fines de semana que dedicamos a rotar entre nosotros una y otra vez los textos para fortalecerlos hasta tener un producto que tuviera el sello de identidad de esa persona colectiva llamada IMAGO y que en nada se parecía al estilo de escritura individual de Sánchez, Osorio y Rivera.

La primera edición de nuestro libro fue un parto delicioso, aunque tormentoso para nuestras familias, que sacrificaron con amor solidario sus fines de semana para ayudarnos en esta tarea. Muchas personas hicieron posible esta primera edición: en primera instancia los directivos de la Facultad en cabeza de nuestro Decano y de la Universidad, en la persona de nuestro Rector, Néstor Hincapié Vargas quien generosamente dio el aval de la universidad para el libro que habían concebido de manera particular tres docentes en sus estudios de maestría.

Después de tres años de ires y venires, después de recorrer con el libro de la manito en la portada en congresos y reuniones, en Colombia y otros países a los que alguno de nosotros ha asistido, la primera edición se agotó. Es justo decir que un gran porcentaje de los ejemplares, como seguramente sucede con todas las óperas primas, fue obsequiado a familiares, amigos y colegas de todas partes. Todos lo recibieron con un gran cariño… algunos de ellos hasta lo leyeron y a unos cuantos hasta les gustó.

Con el aval de la incondicional Lorenza Correa, de nuestro Decano Mariano González y de nuestro amigo y ahora Jefe del Sello Editorial Leonardo López; nuestro modesto librito negro ha regresado vestido de blanco para llegar a mayor cantidad de lectores que tomarán nuestras palabras para leerlas, controvertirlas y, ojalá, también estudiarlas y discutirlas en distintos escenarios académicos.

Estaremos eternamente agradecidos con nuestra Universidad de Medellín que nos hace sentir en casa, nos ha formado como profesionales y ha apoyado nuestros proyectos. A nuestros alumnos, de todas las generaciones, muchos de ellos ya colegas, que nos han enseñado tanto. A nuestros compañeros y amigos de esta y otras universidades que se han tomado el trabajo de leernos y aportarnos comentarios sobre nuestros errores y aciertos. De manera especial, es importante mencionar a Fernando Vásquez Rodríguez nuestro maestro en la Maestría en Educación, quien corrigió nuestros textos de estudiantes, leyó como colega los artículos terminados y nos concedió el honor de hacer el prólogo de nuestra primera edición; a Octavio Islas, colega y amigo mexicano, director de la Asociación Latinoamericana de Investigación en Comunicación, con quien he coincidido en múltiples congresos internacionales y quien realizó el prólogo a nuestra segunda edición; A Norman Velásquez, quien tomó la imagen original de la primera edición y con absoluto respeto la transformó en la portada de la edición que hoy presentamos y a Diego Arango, quien fue capaz de interpretar nuestras palabras para aportar las imágenes de nuestro libro.

Como vocero de mis compañeros, no puedo terminar sin hacer mención a nuestras familias y amigos. Nuestros padres y hermanos que miran con orgullo cada nuevo paso que damos, nuestras esposas que con paciencia nos acompañan y escuchan nuestros desvaríos literarios como primeras espectadoras y nuestros hijos que constituyen la razón y alegría de nuestra vida.

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