La Coctelera
Proyecto internet
Por: Octavio Islas

La reciente visita de Bill Gates a la Ciudad de México desató algunas tempestades en la esfera política y en el sector empresarial.

El martes por la mañana, en el salón Venustiano Carranza de la residencia oficial de Los Pinos, el presidente Felipe Calderón otorgó a Bill Gates la Orden Mexicana del Águila Azteca en grado de Placa. Se le concedió el mismo reconocimiento en grado de Insignia a su esposa Melinda French.

Calderón dijo que esto se basa en el respaldo que a través de la Fundación Gates se ha otorgado a la Red de Bibliotecas Públicas del país, al donar 30 millones de dólares para su equipamiento en computadoras, que se suman a los casi 10 millones adicionales de software que ha entregado Microsoft México.

Esas donaciones se realizaron durante el gobierno del presidente Vicente Fox. El destino de las mismas, sin embargo, resulta incierto.

En la contabilidad poco transparente de los recursos que fueron destinados a la construcción de la megabiblioteca José Vasconcelos —más de dos mil 300 millones de pesos—, figura un presunto donativo de 40 millones de dólares que los Gates supuestamente aportaron para el equipamiento informático de la llamada "catedral de la lectura".

En junio de 2004, el matrimonio Gates indicó al periódico británico Financial Times que la Fundación Bill & Melinda Gates no realizó ninguna donación a la Biblioteca José Vasconcelos.

El 16 de mayo de 2006, en la precipitada inauguración de la biblioteca que ocupa lo que antes era la estación de ferrocarriles Buenavista, el presidente Vicente Fox la calificó como "una de las obras más avanzadas del siglo XXI".

Sari Bermúdez, entonces titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), se refería a la llamada "megabiblioteca" como "nuevo paradigma".

Y sin haber siquiera cumplido un año en funcionamiento, debido al deterioro que presenta, fue cerrada temporalmente por órdenes de Josefina Vázquez Mota, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y por Sergio Vela, sucesor de Bermúdez al frente de Conaculta.

Bill Gates supone que los 40 millones de dólares que aportó al gobierno del presidente Vicente Fox fueron destinados a conectar dos mil 700 bibliotecas públicas del país.

"Para que cualquier niño que tenga acceso a estas bibliotecas, pueda tener acceso a todo el conocimiento y acervo del mundo. El gobierno mexicano ha sido un gran socio en esta tarea y porque hemos decidido elegir a las bibliotecas en las áreas más privadas, más pobres", ha declarado el hombre más rico del mundo.

En este contexto tendríamos que preguntarnos, o tendrían que preguntarse los que entregaron los millones: si el proyecto emblemático de la política cultural del foxismo hoy no funciona, ¿qué estado presentan las dos mil 700 bibliotecas a las que se refiere Gates?

Ahora que ni siquiera son dos mil 700 funcionando bajo el programa de digitalización, en realidad son poco más de mil de las que se tiene conocimiento que funcionan, al menos, en teoría.

¿Con qué infraestructura cuentan?

¿Dónde están ubicadas?

¿Aún funcionan?

¿Cómo pagan el servicio de internet?

Quizá el propósito de la ceremonia en Los Pinos, y los reconocimientos, que sólo se otorgan a extranjeros para reconocer los servicios prominentes prestados a este país o a la humanidad, sirvió para suavizar preguntas incómodas, difíciles de responder.

No contaban con su astucia

Hace unos días el hombre más rico del mundo recibió a un importante empresario mexicano en su cuartel general, en Redmond, Washington. Para hacer patente ese encuentro, los medios de comunicación comenzaron a propagar la noticia en horario estelar.

Este martes, durante la visita que realizó el forjador del imperio Microsoft a México, se reunió con otros importantes hombres de negocios de este país. También en esta ocasión, la mayoría trató de hacer visible su encuentro con Gates, demostrar vínculos de cualquier tipo con el hombre más rico del planeta.

El empresario que lo visitó días antes y que se paseó por Seattle, cuna de los Starbucks, no contaba con la astucia de William, quien dejó ver la posibilidad de emprender negocios con su probable competencia , una amenaza directa, a pesar de que se hablaba de un lazo inquebrantable pactado al calor de las cámaras.

Para entender qué es lo que pasa por la mente de Gates cuando hace negocios es indispensable conocer la historia de su empresa. Un buen comienzo es acercarse al estupendo libro Pride Before the Fall: The Trials of Bill Gates and the End of the Microsoft Era, del periodista John Heilemann.

Después de repasar las 256 páginas podrán entender que para Bill Gates los negocios son guerra. La guerra.

También entenderán que el estadunidense asume la posibilidad que tiene de jugar un rol protagónico en la competida lucha que librarán todos los interesados en el juego del triple-play, y no nos referimos al beisbol. Por cierto, en la guerra de Gates no existe la lealtad.

* Director de Proyecto Internet-Cátedra de Comunicaciones Estratégicas y Cibercultura, Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.

octavio.islas@itesm.mx

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