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México, DF, 19 de marzo de 2007.
Servicio informativo núm. 31
Sumario:
I. Se promueve desde el poder una política feminofóbica de Estado
II. Sale a la luz el número 2 de la revista República 16
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Se promueve desde el poder una política feminofóbica de Estado
El siguiente material periodístico ha sido redactado con el apoyo de las informaciones emitidas por otros medios, en particular la corresponsalía de La Jornada en el centro de Veracruz y los reportes informativos del Centro de Información sobre la Mujer ACServicio de Noticias ISA. (CIMAC). Las opiniones, por supuesto, son responsabilidad del
El 13 de marzo, entrevistado por Elena Gallegos y Claudia Herrera, periodistas del diario mexicano La Jornada, Felipe Calderón se refirió a la muerte de la anciana mexicana Ernestina Ascención en los siguientes términos: “he estado pendiente del caso de la señora que se dice asesinaron en Zongolica (tras una presunta violación tumultuaria por militares). La CNDH (Comisión Nacional de Derechos Humanos) intervino, y lo que resultó de la necropsia fue que falleció de gastritis crónica no atendida. No hay rastros de que haya sido violada”.
El actual ocupante de la casa presidencial en México había sido cuestionado por las periodistas sobre el riesgo de que se involucrara al ejército en violaciones a los derechos humanos, y encontró ocasión para salir en defensa de los militares, sin que la pregunta lo interrogara al respecto.
Dos días después, el mismo tono fue usado precisamente por el titular de la CNDH, José Luis Soberanes, al referirse al terrible acontecimiento de agresión y muerte de Ernestina Ascención: quien hable de violación o de homicidio en este caso lo hace “sin fundamentos” —reportó en sus notas informativas La Jornada—, pues se deben esperar los estudios de laboratorio luego que se le practicó la necropsia. “Pudo haber sido muerte natural”, refirió el presidente de la CNDH.
¿Muerte natural, gastritis no atendida o asesinato tras de un ataque físico y sexual de un grupo de militares en contra de una mujer de 73 años, indígena, habitante del poblado de Tetlazingo, municipio de Soledad Atzopam, en la Sierra de Zongolica, estado de Veracruz?
Las noticias sobre la agresión y muerte de Ernestina Ascención Rosario empezaron a conocerse el 26 de febrero, el día de su fallecimiento. Un seguimiento de las informaciones al respecto permite dibujar la siguiente cronología:
Una patrulla de soldados de la Zona Militar 26 se había hecho presente desde el 22 de febrero en la región y, de acuerdo con las opiniones de los pobladores, había hostigado a indígenas en varios ejidos y congregaciones. Como parte de esos patrullajes, los militares habrían arribado a la comunidad de Tetlazingo el domingo 25 por la tarde e irrumpido en la vivienda de la víctima, quien se encontraba sola. La anciana fue golpeada, amordazada y atada; posteriormente fue violada en varias ocasiones, lo que le provocó lesiones en la cadera y sangrado.
Ese mismo día, alrededor de las 7 de la tarde, una de sus hijas la encontró entre unos pastizales, todavía amordazada y atada, a unos 150 metros de su vivienda de cartón y madera.
Entrevistados por Andrés Morales, corresponsal de La Jornada, familiares de la anciana agredida habrían corroborado las consecuencias del ataque: “Le destrozaron la cadera a mi tía. Son unos animales”, acusó Miguel Castro de Jesús quien; sus familiares habrían afirmado también que sus últimas palabras antes de perder la conciencia fueron: “Los soldados se me echaron encima”.
La atención médica que recibió Ernestina en el Hospital General de Río Blanco antes de morir corroboraría lo dicho por la anciana y por sus familiares: la causa de la muerte fue “traumatismo craneoencefálico, fractura y luxación de vértebras cervicales, anemia aguda producida por hemorragia”. Miguel Mina Rodríguez, subprocurador de Justicia de Veracruz lo reportaría en términos similares: “El dictamen médico pericial revela que tenía fractura de cráneo y fractura de costillas, así como lesiones en diversas partes del cuerpo (…) la violación fue por la vía anal y por la vía vaginal (…) se encontraron laceraciones y desgarres en la vía anal, lo mismo que en la vía vaginal (…) la muerte fue causada por la fractura de cráneo y por la anemia que le produjo una hemorragia en la vía anal”.
Conforme la información se fue generando, las contradicciones de las autoridades gubernamentales y militares sobre el suceso se incrementaron, aunque todas ellas mantuvieron como común denominador el intento, a toda costa, de exculpar a los militares.
El 27 de febrero, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) confirmó que se había iniciado una investigación contra miembros del ejército acampados en el municipio de Soledad Atzompa; de acuerdo con esa información, cuatro elementos del 63 Batallón de Infantería permanecían bajo custodia del Ministerio Público del fuero común, como presuntos responsables de la agresión y muerte de Ernestina Ascención.
Para el 4 de marzo, las noticias daban cuenta de un comunicado de la Secretaríala Defensa en el que se señala que se había realizado exámenes médicos y entrevistas entre los efectivos militares desplegados en Soledad Atzompa y los mismos no arrojaban pruebas contra efectivos del 63 batallón de Infantería acantonados en la comunidad de Tetlazingo. de
Ese tenor mantendría la autoridad militar en sus declaraciones los días siguientes: “se ha entrevistado a cuatro oficiales y 79 elementos de tropa de la base de operaciones García, ubicada a dos kilómetros de donde ocurrieron los hechos, sin que haya indicios de su participación en el crimen (...) continúan las pruebas periciales, los exámenes de investigación policial y criminalística de campo, y exámenes médicos que incluyen una revisión minuciosa de genitales a todo el personal militar que se encontraba en la citada base, pero no se encontró ningún tipo de lesión, lo que sería indicativo para establecer que no han tenido actividad sexual cuando menos siete días antes de los hechos que se imputan”, reportó el 6 de marzo el corresponsal de La Jornada.
Así, hasta llegar a las declaraciones de Felipe Calderón y José Luis Soberanes con las que iniciamos este reporte informativo, en las que la misma ocurrencia de una agresión sexual es negada y el asesinato de Ernestina Ascensión es presentado como una “muerte natural” producida por una “gastritis crónica no atendida”.
Contra lo que pudiera pensarse, un acto tan brutal, con la saña con la que fue agredida y violada Ernestina Ascensión, no parece ser un hecho aislado en México, como tampoco lo es el involucramiento de elementos policiacos y militares en acontecimientos similares.
A propósito de lo sucedido en la Sierra de Zongolica, Maricela Contreras Julián, diputada del Partido de la Revolución Democrática (PRD), presentó el Día Internacional de la Mujer, ante el pleno legislativo una moción de censura que incluía una relatoría de hechos similares.
El 4 de junio de 1994, tres indígenas tzeltales denuncian que fueron violadas por soldados que participaron en las acciones militares contra el EZLN en el municipio de Altamirano, Chiapas; a casi 13 años de los acontecimientos, las mujeres violadas siguen en espera de respuesta de las autoridades.
El 3 de diciembre de 1997, Delfina Flores Aguilar, de 28 años, y Aurelia Méndez Ramírez, de 31, indígenas de la región de Zopilotepec, Atlixtac de Álvarez, Guerrero, denunciaron haber sido violadas por cinco soldados.
En 1997, la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos de Oaxaca recibió la denuncia de 12 mujeres que habían sido violadas por soldados en la zona Loxicha.
El 21 de abril de 1999, Victoriana Vázquez Sánchez, de 50 años, y Francisca Santos Pablo, de 33, de la región de Tlacoachixtlahuaca, en el mismo estado de Guerrero, denuncian que fueron interceptadas por miembros del ejército y conducidas a casas abandonadas donde sufrieron ataques sexuales.
El 16 de febrero de 2002, Valentina Rosendo Cantú denuncia también una agresión sexual por ocho soldados del 41 Batallón de Infantería, en Barranca Bejuco.
El 22 de marzo de 2002, en Barranca Tecuani, Ayutla de los Libres, otra vez en Guerrero, Inés Fernández Ortega, de 27 años, denuncia la violación de la que fue víctima en su hogar por 11 soldados.
El 11 de julio de 2006, más de 20 efectivos del ejército, en el municipio de Castaños, Coahuila, violaron a 13 mujeres, sin que hasta el momento se haya sancionado a los responsables.
A estos reprobables y salvajes actos se suman los abusos sexuales en contra de mujeres de San Salvador Atenco, durante la incursión, ocupación policiaca-militar y encarcelamiento masivo de pobladores del lugar, que se efectuó en mayo de 2006, y las vejaciones contra mujeres durante la represión al movimiento social encabezado por la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO).
“Esta violencia de género no es sólo en Ciudad Juárez, donde existen cientos de feminicidos sin castigarse; no es sólo en el estado de México o Morelos, donde hay una creciente ola de asesinatos de mujeres; no es sólo en los estados militarizados de Chiapas, Oaxaca y Guerrero; no es sólo en Veracruz, donde se produce la muerte de una adulta mayor por una violación tumultuaria a manos de efectivos militares. Esta violencia de género se está suscitando en todas las regiones del país, donde el despliegue de efectivos militares en los operativos que se están llevando a cabo se ha desviado de la misión que se les ha encomendado y generado un clima de represión y hostigamiento contra las personas, especialmente las mujeres que se ven vulneradas en sus derechos”, afirma el texto de la diputada perredista.
Y, en efecto, en México, la violencia de género parece tomar forma de política de Estado.
Cuando la negligencia de las autoridades judiciales, si no es que la abierta complicidad, mantiene sin castigo el fenómeno de los feminicidios en Ciudad Juárez y con parsimonia la justicia lo ve crecer hacia otros estados de la República sin que se haga nada, la señal que el Estado envía a la sociedad es: “pueden ser asesinadas todas las mujeres que se quiera y aquí no va a pasar nada”.
Cuando la agresión sexual contra mujeres detenidas se vuelve modus operandi de los cuerpos policiacos y la tortura física y psicológica vuelven a ser las “técnicas de investigación” judiciales, la señal que el Estado envía a la sociedad es: “de ahora en adelante, las mujeres serán presas de guerra en la lucha contra los movimientos sociales opositores al gobierno”.
Cuando la creciente militarización del país se acompaña de la impunidad con la que soldados atacan a mujeres, particularmente en las regiones indígenas o campesinas del país, la señal que el Estado envía a la sociedad es: “todo soldado tiene derecho de satisfacer sus instintos animales cuando así lo necesite y su objeto de deseo sexual puede ser cualquier mujer que encuentre a su paso”.
La exacerbación desde el Estado de fobias hacia grupos sociales específicos no es nueva en la historia de la humanidad: limpiezas étnicas, xenofobias y homofobias han sido promovidas conscientemente por los aparatos ideológicos del Estado y las consecuencias en el desgarramiento del tejido social han sido desastrosas.
Hoy, en México, aunque el diccionario no registre aún la palabra, es necesario denunciar la feminofobia que empieza a impregnar la acción de gobierno y de Estado. Del mal chiste presidencial de las “lavadoras de dos patas” se ha llegado muy pronto al asesinato brutal de Ernestina Ascensión Rosario. No permitamos que la feminofobia se consolide como política del Estado mexicano desde los gobiernos estatales y federales que encabezan los partidos de la derecha: el PAN y el PRI. A tiempo denunciémoslas y detengámosla.


Sale a la luz el número 2 de la revista República 16
La revista República 16 invita a la presentación de su número 2, este martes 20 de marzo, en el ex convento del Desierto de los Leones, ubicado en la Calzada del Desierto de los Leones s/n, Colonia Parque Nacional Valle de las Monjas, en la delegación Cuajimalpa de la Ciudad de México.
“Durante un largo periodo de más de 76 años, México ha vivido bajo un orden político antidemocrático y brutalmente desigual; no obstante, desde la madrugada del 2 de julio de 2006, durante las horas en las que corría el conteo rápido de las votaciones para presidente de la República en las oficinas del Instituto Federal Electoral, este hilo comenzó a hacerse más y máas delgado con el paso de las horas; esa imagen de rectitud, limpieza y ecuanimidad caía pedazo a pedazo con cada cifra que llenaba la irreal y poco sustentable preferencia del electorado, hacia un casi desconocido e insipiente personaje, llamado Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, tan largo su nombre como la fila de agravios que dejo a su paso”.
Así inicia República 16, en esta su segunda salida al público, la evaluación de ese ya histórico 2 de julio de 2006, análisis que acompaña otros temas, como un amplio reportaje sobre el impulso de nuevos textos constitucionales en distintas repúblicas de Latinoamérica, o el fenómeno de la pderastia bajo las faldas de curas y jerarcas de la Iglesia.
Más información sobre revista República 16 puede consultarse en su página de internet: www.republica16.com