Primeras asignaturas pendientes

Octavio Islas

La información correspondiente al número y la ubicación de las frecuencias disponibles para radio y televisión –como también las existentes-, tema que definitivamente admite ser considerado de interés público-, históricamente ha sido manejada con la secrecía de un asunto de seguridad nacional.

En pasadas administraciones algunos funcionarios del gobierno, así como voceros de los concesionarios de la radio y televisión, acostumbraban afirmar que el espectro radioeléctrico estaba saturado en algunas zonas del país. Con tales afirmaciones pretendía inhibirse la posible incursión de nuevos jugadores a la industria.

En septiembre de 2006, Jorge Alvarez Hoth, subsecretario de Comunicaciones y Transportes, reveló que había puesto a disposición del “gobierno entrante” la información relativa al número y ubicación de las frecuencias disponibles: aproximadamente 600 de radio y 200 de televisión.

En el agitado mes de diciembre de 2006, el acaudalado empresario Isaac Saba, en alianza con General Electric-Telemundo, presentaron una solicitud para obtener la concesión de algún canal de televisión abierta.

Por tal atrevimiento, Saba y Nadro –propiedad de la familia Escandón-, fueron señalados en algunos espacios informativos de TV Azteca como Televisa, como objetable monopolio en la distribución de medicamentos de patente.

Conociendo la existencia de frecuencias disponibles, el 22 de enero, representantes del Gobierno del Distrito Federal entregaron a a Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), los expedientes para solicitar el permiso de operación para un canal de televisión con cobertura en el Distrito Federal.

El primero de marzo, los cuatro comisionados que integran el pleno de la Cofetel, determinaron que la solicitud del Gobierno del Distrito Federal para obtener una concesión de televisión y operar el canal 46, resulta improcedente toda vez que "ya ha sido asignada".

A comienzos de la década de 1990, el gobierno del Distrito Federal sólo enfrentaba problemas técnicos para operar un canal de televisión en la UHF. En 1993, gracias al efectivo cabildeo realizado por el influyente escritor Héctor Aguilar Camín con el presidente Carlos Salinas de Gortari –a quien entonces llamaba “amigo presidente”-, por simple voluntad presidencial[1] surgió el canal 22.

En los primeros días de marzo, los coordinadores de los grupos parlamentarios que integran la Cámara de Senadores y la de Diputados afirmaron su interés por disponer de un canal de televisión abierta, y acordaron solicitar una frecuencia para el Canal del Congreso. Entre los entusiastas impulsores de tal iniciativa destaca Emilio Gamboa Patrón –firme defensor de la llamada “Ley Televisa”-, quien no hace mucho tiempo también afirmaba que el espectro radioeléctrico estaba saturado en algunas zonas del país.

La existencia de frecuencias disponibles para nuevos canales de televisión y radio es un hecho, aún cuando el gobierno del presidente Felipe Calderón no ha considerado necesario hacer del conocimiento público el número y la exacta ubicación de las frecuencias disponibles.

Entre los cien compromisos que el presidente Calderón asumió para sus primeros cien días de gobierno, destaca el número 41: “nuevas estaciones de radio y televisión y para tal efecto se identificarán las ciudades susceptibles de ser atendidas con nuevos servicios de radio y televisión, tanto comercial como cultural, educativa, comunitaria y oficial, a efecto de iniciar los procedimientos de licitación pública o permisionarios, según se trate, durante el primer semestre de 2007”.

En materia de radio, televisión y telecomunicaciones, las promesas de Felipe Calderón para cumplir en sus primeros cien días de gobierno permanecen como asignaturas pendientes. El incumplimiento de lo ofrecido fue constante en el gobierno de Vicente Fox. Ojalá con el presidente Felipe Calderón no ocurra lo mismo.


[1] Véase Carlos Salinas de Gortari: México. Un paso difícil a la modernidad. México: Plaza Janes, p. 653.