La Coctelera

Por Felipe Moreno

El pasado 18 de enero dio inicio un proceso al interior del Partido Revolucionario Institucional que desembocará hacia un futuro incierto, lleno de dudas y ambiciones políticas en muchos sentidos.

La renovación de sus cuadros dirigentes a nivel nacional ha venido desarrollándose conforme lo expresa su convocatoria y en la cual participan cinco contendientes: Alejandro Gárate Uruchurtú, Enrique Jackson Ramírez, Beatriz Elena Paredes Rangel, Javier Oliva Posada y Sergio Martínez Chavarría. De todos ellos, dos son los únicos que tienen posibilidades reales de ganar, dados sus activos económicos y políticos. Oro y oropel rodean al sinaloense Enrique Jackson y a la tlaxcalteca Beatriz Elena Paredes Rangel. Quizá por ello, sea que los medios de comunicación se han enfocado hacia esas candidaturas, las que han derramado sumas importantes de dinero o bien han correspondido a favores legislativos concedidos en materia de leyes y otras concesiones en materia de radio y televisión.

La democracia en el PRI dista mucho de ser un hecho real y concreto, su pasado antidemocrático y manipulador los sigue persiguiendo. Las cúpulas mandan en el PRI. Nada nuevo se percibe en dicho instituto político. Los errores de antaño no se han corregido ni superado; persisten los mismos vicios, las mismas mafias y los mismos métodos de "hacer política". Hay incluso quienes han llegado a afirmar "para que apostar por uno o más perdedores", en alusión directa a todos esos candidatos que no cuentan con grandes aparatos publicitarios o los están metidos en los principales espacios en la radio y la televisión. Los medios son empresas, no son hermanas de la caridad.

Hablar del PRI es hablar de México, donde dos de ellos: Enrique y Beatriz llevan la delantera en una contienda, gracias a un sistema que ha invertido miles de millones de pesos en sus imágenes, tanto pública como política. Ambos hablan de un partido nuevo, de incluir a las nuevas generaciones, pero en segundo o tercer plano, nunca como iguales y mucho menos al mismo nivel. La relación que se plantea en el PRI es como siempre, de siervo a amo y no de hombre a hombre o de mujer a mujer. Ahí nadie es igual, mucho menos si se ha ocupado un cargo de elección o administrativo.

A una semana del inicio de dicha contienda interna se ven ya los primeros brotes de ruptura y división. Más aún, de queja y descalificación de una elección, luego de la guerra sucia emprendida en contra de una de las fórmulas. La presencia de una empresaria dedicada al manejo de los giros negros en Quintana Roo, puede ser la causa de que se empañe dicho evento. Más aún, por los antecedentes que en su historial tiene su compañero de fórmula.

El hecho de que sea sólo o a través del dinero como habrán de renovarse las dirigencias en los partidos políticos de México, nos lleva a una terrible deducción, sólo los ricos o los encumbrados tienen derecho a ser jefes políticos. Un evento que debió prever el IFE o las instancias relacionadas con la renovación de las dirigencias partidistas. La democracia se ha convertido en un producto más de quien puede comprarla. Así y como se otorgó una cantidad absurda para las campañas presidenciales, debió destinarse otra para no hacer de un proceso interno ganancia de grupos específicos. Porque es obvio que los intereses y el dinero se han cargado hacia Enrique Jackson o Beatriz Paredes, dejando solos y en el abandono a los otros tres expósitos.

El derroche de Enrique Jackson es evidente, spots de radio y televisión han invadido es espectro radio eléctrico. También es visible la fuerza mostrada por la tlaxcalteca Beatriz Elena Paredes Rangel quien ha sumado a muchos en lo que pudiera considerarse ya una cargada. Su compañero de fórmula, el hidalguense Jesús Murillo Karam, es una pieza de mucho peso, aunque represente al pasado, concretamente a Carlos Salinas y Miguel de la Madrid.

Dicen que hay tres cosas difíciles de ocultar en la vida: el amor, el dinero y lo p… Podemos incluso sostener, tomando como referencia la tercera, que tanto los gobernadores, senadores, diputados, presidentes municipales y demás miembros del PRI que emitirán su voto el domingo 18 de febrero; ninguno de ellos está apostando a perder. Y es que, más allá de la remoción del queretano Mariano Palacios Alcocer, de una presidencia errática, el PRI está ante el umbral de lo que será la conformación de la próxima legislatura federal y por ende los primeros visos de lo que será la próxima sucesión presidencial. Si llega Jackson la tecnocracia recupera posiciones importantes, aunque este último se haya cargado hacia los grupos que encabeza Ernesto Zedillo en el PRI

La renovación de los principales cargos partidistas en el PRI, lleva esa dedicatoria. Es la lucha de los ex presidentes de la República. A contrario sensu de lo que se ha dicho, si existen grupos y corrientes que ya apuntan en esa dirección. En política no existen los hombres solos, ni neutros. En política nadie llega solo. Loco sería el que quisiera llegar partiendo de la nada o por sí mismo, la gracia de Dios no existe en la política.

Las preguntas que en estos momentos deberían hacerse los priístas no deberían estar enfocadas hacia un hombre o mujer determinada. Su problema no radica ahí, se encuentra en sus métodos de selección y cooptación política. Su falta de oferta y su viabilidad ante la historia. Por todos lados se observa un partido arcaico, abarrotado por personas y personajes cercanos a la tercera edad, mismos que desde hace más de 30 años han demostrado su poca efectividad. Lo único visible en sus carreras políticas es la acumulación de propiedades y riquezas, su ostentación, sus ambiciones personales y de grupo.

Los nombres que se manejan para dirigir al PRI, nada le dicen a un México nuevo, cada día más demandante, mucho menos le dicen algo a los priístas. Una estructura caduca que ha perdido o entregado la presidencia de la República en dos ocasiones y que va para la tercera en el 2012. El PRI no tiene futuro como partido político, a menos que:

1. Busque una poción joven, moderna y renovadora
2. Alguien para un partido vivo, con futuro y no alguien para pretender revivir un cadáver político.
3. Alguien que no continúe mutilando el futuro de millones de jóvenes.
4. Alguien que represente a un México que entiende los nuevos tiempos políticos.
5. Un hombre que no represente a mafia alguna y menos de alguno de sus ex presidentes de la República.
6. Un hombre con principios y convicciones y no sólo con conveniencias políticas.
7. Un hombre sin ataduras ni compromisos comerciales.
8. Un líder, un hombre que no sea dócil o comprable.
9. Un líder que nunca haya vendido una elección.
10. Un líder que respete verdaderamente a las bases y su militancia.
11. Un líder que no sea rehén de padrinos poderosos o ricos.
12. Un líder que no le deba nada al sistema de componendas en la vida democrática.
13. Un político que no sea coleccionista de cargos públicos o políticos.
14. Un líder que sepa sumarme a las mejores propuestas democráticas.
15. Un líder para cambiar lo inservible en el PRI.
16. Una nueva cara para que el pasado no los siga persiguiendo.
17. Un líder surgido de las bases de un partido histórico.
18. Un líder para enterrar el pasado, sembrando una semilla a favor de la democracia.
19. Un líder que una, sume y fortaleza.
20. Un hombre libre, en el sentido más amplio de la palabra.

En la proyección a futuro, más allá de este momento, los hombres y mujeres que hoy buscan la dirigencia nacional del PRI, deberían reflexionar sobre el futuro de un instituto político. Tanto el PRI como el PRD, son estructuras seniles, y más lo serán hacia las elecciones presidenciales de 2012. Sólo es cosa de verse al espejo para entender que ambos deben renovarse, pero en serio, o seguirán perdiendo adeptos, votos y elecciones. La sucesión de Mariano Palacios Alcocer en el PRI, no debe verse como siempre; como el cambio de dirección en la que fue la mayor agencia de colocaciones del país. ¿Qué prevalecerá al final de la contienda: juventud, plutocracia o senectud?

SALUDOS CORDIALES

WWW.FELIPEMORENO.COM

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Opinión (Octavio Islas).

La actuación histórica del PRI fue devastadora. La herencia de su cultura política en no pocas instituciones aún es posible advertir como corrosiva gangrena.
Resultaría deseable su resurrección, sin embargo, para reestablecer un efectivo sistema de contrapesos a la hipócrita mojigatería de no pocos panistas.
La resurrección política del PRI no será posible si los priistas apuestan por el reparto de la franquicia, anulando la necesidad de emprender una verdadera autocrítica y un debate efectivamente democrático e inteligente, para proceder a la indispensable remediación del anquilosado aparato político. Ningún Mesías salvará al PRI.

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