La Coctelera

La última frontera
Octavio Islas

El cosmos hay que verlo como un lenguaje. El universo de los signos está de pantalla entre nosotros y la realidad ¿Qué conocemos entonces?

En no pocas ocasiones, al especular sobre el futuro, la ciencia ficción ha trazado el sendero por el cual las ciencias y las tecnologías exploran posibles respuestas a muchas de nuestras interrogantes. Históricamente la industria militar ha sido obligada incubadora de avanzadas tecnologías de información y comunicaciones.

Una de las principales aportaciones al desarrollo de la sociedad de la información y el conocimiento, curiosamente procedió de la ciencia ficción. Arthur Charles Clarke, quien durante la segunda guerra sirvió en la Royal Air Force como especialista en radares, al concluir la guerra publicó un interesante artículo: “Extra-terrestrial Relays”, en principio ignorado por la comunidad científica.

Con el paso de los años la realidad se empeñó en demostrar la factibilidad de las ideas de Charles Clarke, que representaron una contribución definitiva al desarrollo de satélites artificiales de órbita geoestacionaria -llamada precisamente órbita Clarke, en su honor-.

Siguiendo el sendero trazado por Clarke, el cuatro de octubre de 1957, la Unión Soviética logró lanzar al espacio al Sputnik, primer satélite artificial ubicado en órbita de la Tierra. Ese hecho marcó el inicio de la costosa carrera espacial que sostuvieron las dos grandes potencias mundiales del siglo XX: Estados Unidos y la URSS, para llevar al primer hombre a La Luna. El 20 de julio de 1969, el estadounidense Neil Armstrong, comandante del Módulo Lunar Apolo 11, finalmente pisó la superficie lunar al sur del Mar de la Tranquilidad.

La carrera espacial aceleró el desarrollo de un extenso repertorio de nuevas tecnologías, impulsando, además, profundos cambios en el sistema de ciencias y en la comunidad científica. Los científicos –señalan los Toffler (2006:39)-, “no temen hoy día dañar su reputación hablando de viajar por el tiempo, de ciborgs, de casi inmortalidad, de instrumentos antigravedad que podrían transformar la medicina y proporcionar fuentes inagotables de energía no fósil”

El formidable desarrollo tecnológico que advertimos en nuestros inciertos días, en buena medida admite ser comprendido como consecuencia directa de la carrera espacial que, de acuerdo con los Toffler (2006:32) marcó el inicio de la transición a la economía del conocimiento, pues: “aceleró radicalmente el desarrollo de la teoría de sistemas, las ciencias de la información y el software para programación y formación en tareas de gestión de proyectos”. En tan sólo una década -afirman los Toffler-, podremos enviar al espacio satélites del tamaño de una tarjeta de crédito.

“El espacio, la última frontera”, fue el lema original de la serie Viaje a las estrellas (Star Trek). Creada por Gene Roddenberry, el primer programa fue transmitido por televisión, a través de NBC, el 8 de septiembre de 1966. Hoy, reconocida como serie de culto entre quienes gustamos de la ciencia ficción, Viaje a las estrellas comprende 6 series de televisión y 10 películas. Los fans de Viaje a las estrellas son llamados "Trekkies".

De acuerdo con la serie, en 2063 ocurre el primer contacto entre humanos y una raza extraterrestre: los vulcanos –a ella pertenecía el mítico Sr. Spock, interpretado por el actor Leonard Nimoy-. En 2161 la Tierra se convirtió en capital de la Federación de Planetas Unidos, teniendo como sede de gobierno a la ciudad de París, Francia, mientras San Francisco, California, es sede de la Academia de la Flota Estelar: “habiendo llevado su enorme desarrollo como civilización hasta los confines del espacio conocido, que suma casi la cuarta parte de la Vía Láctea.” [http://es.wikipedia.org/wiki/Viaje_a_las_Estrellas]

Viaje a las Estrellas indudablemente anticipó determinados dispositivos que hoy son realidad: pantallas de tacto, palms, tablet PCs, por ejemplo.

Internet ha transformado algunas de nuestras relaciones con el fundamento profundo del espacio. Quizá en un futuro no muy lejano será posible establecer comunicación con vida inteligente en “la última frontera” a través de Internet. Todo es posible...

-------------------------------------------------------------------------------------------------------
Toffler, A y Toofler H. (2006). La revolución de la riqueza. España: Debate.

Los comentarios están cerrados