Velocidad y sincronía
Octavio Islas

En las primeras líneas del libro Los negocios a la velocidad del pensamiento. Usando el sistema nervioso digital, Bill Gates (2000:XIII) afirmó: “si la calidad definió la década de 1980 y la reingeniería la de 1990, el paradigma de la primera década del nuevo milenio sería la velocidad”.

No todas las instituciones son capaces de reaccionar y transformarse a la misma velocidad. La desincronización se expresa como incertidumbre y suele devenir en crisis. La crisis puede ser definida como el escenario en el cual se presenta la incapacidad de resolución del tiempo histórico.

En el libro La revolución de la riqueza, Alvin y Heidi Toffler recurren a una sencilla metáfora para describir la desincronización que advierten en algunas de las principales instituciones estadounidenses en su marcha hacia la economía del conocimiento.

En una imaginaria supercarretera que conduce a la sociedad de la información, en primer lugar circulan las empresas estadounidenses, a una velocidad de 175 kilómetros por hora. Tal velocidad la imponen los frecuentes cambios del entorno.

En segundo lugar marchan algunas ONGs –calificadas por los Toffler como “sector invernadero en expansión”-. La sociedad civil demanda cambios. Sus exigencias producen temores en gobiernos y burocracias que insisten en mantener injustificables sistemas de privilegios. La desincronización resultante produce grandes tensiones.

A cien kilómetros por hora marcha la nueva familia estadounidense, la cual hoy se aparta de las características que definían a la típica familia nuclear de la década de 1950: padre que trabaja, mujer-ama-de-casa, dos hijos menores de 18 años. La nueva familia estadounidense se distingue por su diversidad y complejidad. La familia estadounidense hoy es una institución menos conservadora.

A cincuenta kilómetros por hora avanzan los sindicatos. El desarrollo del teletrabajo ha impuesto obligados cambios en la rígida estructura sindical.

A cuarenta kilómetros por hora transitan burocracias gubernamentales y agencias reguladoras: “hábiles a la hora de ignorar las críticas y retrasar los cambios durante décadas” (Toffler. 2006: 70). Imposible subestimar a las burocracias. Entre una avanzada tecnología y una anquilosada burocracia suele imponerse la burocracia.

Penosamente atrás ubican los Toffler al sistema escolar estadounidense: “diseñado para la producción en serie, dirigido como una fábrica, gestionado burocráticamente, protegido por poderosas sindicatos y por políticos que dependen del voto de los profesores, las escuelas estadounidenses son un reflejo perfecto de la economía de principios del siglo XX” (Toffler. 2006: 71).

A diez kilómetros por hora caminan algunas organizaciones intergubernamentales (OIG), tales como Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y muchas de las entidades que establecen reglas para las actividades internacionales.

A cinco kilómetros por hora marchan las estructuras políticas que nunca fueron concebidas para generar certidumbre en la compleja marcha hacia la economía del conocimiento.

En último lugar se encuentran las instituciones jurídicas –algunas admiten el calificativo de jurásicas-. De la lentitud del “tempo judicial” se desprenden las más agudas crisis de desincronización.

¿A qué conclusiones llegarían los Toffler si emprendieran un análisis similar en México?

Seguramente advertirían que algunas de nuestras instituciones ni siquiera se han puesto en marcha; otras, como nuestra clase política, han optado por circular en sentido contrario; unas más, como el Sistema Nacional e-México, circularían en reversa.

A los Toffler les resultaría desconcertante la parálisis, el absurdo, el contra sentido del tiempo y la velocidad que es posible advertir en no pocas de nuestras instituciones.

De prolongar su estancia en México, los Toffler seguramente abandonarían la futurología y terminarían como feligreses de alguna de las sectas neo-góticas que suelen frecuentar cafés bohemios en La Condesa o Coyoacán.

El tiempo, sin embargo, sigue su marcha. Hoy Google representa para Microsoft lo que Microsoft fue para IBM a comienzos de la década de 1990: la fatalidad del cambio.

Velocidad y sincronía efectivamente representan un asunto medular en la economía del conocimiento. De esas variables en buena medida depende el desarrollo de las instituciones y, de las sociedades también.

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Fuentes de información

Gates, B. (2000). Business @ the speed of thought. Using a digital nervous system. USA. Warner Books.
Toffler, A., y Toffler H. (2006). La revolución de la riqueza. España: Debate.