El sabio pragmatismo de nuestra clase política
Octavio Islas
Publicado en Excélsior, 16 de junio, 2006.

En días recientes, mientras directivos de los principales partidos políticos firmaban el acuerdo de civilidad y gobernabilidad, asumiendo el compromiso de respetar los resultados de los comicios del 2 de julio, simpatizantes de los dos principales “suspirantes” a la presidencia –Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón Hinojosa-, intensificaron la contienda proselitista que libran diariamente en Internet.

En el sitio web de López Obrador destaca la información relativa al vertiginoso éxito empresarial de Hildebrando Zavala. Se afirma que en el presente sexenio el hoy llamado “cuñado incómodo” ha obtenido ingresos por 2 mil 475 millones de pesos, producto de numerosos contratos que ha concretado con diversas dependencias del llamado “gobierno del cambio”. A pesar de las millonarias ganancias obtenidas, la mayoría de sus empresas reportan pérdidas fiscales y, gracias a ajustes contables, se afirma que apenas pagan impuestos.

El sitio web de Felipe Calderón exhibe sospechoso desinterés por emprender la no sencilla defensa del éxito empresarial del hoy llamado “cuñado incómodo”. El equipo de campaña del llamado “hijo desobediente” posiblemente considera exhibir algún nuevo videoescándalo que pudiese incriminar a López Obrador o algún miembro de su primer círculo de colaboradores, y sólo basta aguardar el momento decisivo.

La recta final de tan cerrada contienda electoral todavía podría depararnos algunas sorpresas. Debemos tener muy presente que, despojados de todo pudor doctrinario, Ricardo Monreal, coordinador de las Redes Ciudadanas del PRD, y César Nava, secretario general adjunto del PAN, reconocieron los beneficios que reporta a sus respectivas campañas el desarrollo de la llamada “guerra sucia” en recientes declaraciones a Excélsior. En síntesis, todo se vale y por ende es posible esperar cualquier sorpresa. La política deviene a la condición de vulgar mercancía de la sociedad del espectáculo.

El ciberespacio representa un escenario idóneo para el desarrollo de la llamada “guerra sucia”. De acuerdo con los resultados que arrojó una reciente encuesta de Excélsior-Parametría, en los primeros días de junio, el número de electores indecisos se incrementó de 12.1 a 18.6%

Partiendo del supuesto de que en una competencia tan cerrada, la diferencia podrían establecerla los votos de los cibernautas que hoy permanecen indecisos y/o de aquellos que aún podrían modificar su intención de voto, militantes del PAN y el PRD, así como simpatizantes de López Obrador y Felipe Calderón, diariamente libran intensas batallas a través del correo electrónico cuyo propósito es persuadir a ese 18.6% de electores indecisos, apostando además poder convencer a un significativo número de electores que emitirían su voto por candidatos no punteros en la encuestas, de la necesidad de no desperdiciar su sufragio y decidir su voto por alguno de los dos candidatos punteros.

Nuestra clase política emprendió la involuntaria tropicalización de algunas de las enseñanzas de Foucault contenidas en El orden del discurso. En nuestra incipiente democracia la descalificación del adversario es la constante.