En 2003, Ryan McKinley, desarrolló en el Media Lab del MIT el sistema “Government Information Awareness” (GIA), inteligente plataforma destinada a la administración y gestión del conocimiento ciudadano, que responde al propósito de documentar en Internet asuntos de interés público, como información relativa al desarrollo y financiamiento de las campañas electorales, curricula de funcionarios públicos y de candidatos a puestos de elección popular, denuncias por actos de corrupción o abuso de autoridad, aportaciones de grandes corporativos a campañas electorales o comprometedoras donaciones amparadas en dudosas acciones de filantropía, redes y relaciones que han establecido grupos políticos con acaudalados dirigentes del sector empresarial y líderes sindicales, información clasificada que podría involucrarles en actos delictivos, y hasta un sistema capaz de construir perfiles con base en la información disponible en el sistema y estudios prospectivos de patrones de conducta.
El razonamiento que inspiró a Ryan McKinley para desarrollar el GIA es el tan agudo como sencillo: “si los gobiernos asumen derechos para conocer detalles de la vida personal de los ciudadanos, los ciudadanos también tienen el derecho de conocer toda información relativa al desempeño de sus gobernantes”.
Además del programa de gobierno abierto del IMT, en años recientes, diversos organismos de la sociedad civil han emprendido imaginativos proyectos de gestión y administración del conocimiento ciudadano a través de Internet.
La complejidad de la e-democracia definitivamente no se agota en el imaginario del gobierno electrónico. La participación de la sociedad civil es definitiva. Forjar una sólida cultura de votos efectivamente razonados supone un arduo trabajo de la ciudadanía. Hoy algunos observatorios de la sociedad civil operan como auténticas agencias de inteligencia informativa, dedicadas a obtener, clasificar y evaluar información relativa al desempeño de funcionarios públicos, políticos y partidos.
De acuerdo con los resultados que arrojó el estudio “¿Ver, oír y leer para creer en los medios?” -realizado por Parametría-, la mayoría de los mexicanos confiamos en la información que proporcionan los medios de comunicación.
S egún los resultados de la encuesta “El mito de los efectos de las campañas” –también realizado por Parametría-, para la mayoría de mexicanos en edad de votar, la televisión representa la principal fuente de información sobre el desarrollo de las campañas que realizan los candidatos a la presidencia de la República.
A pesar de la relativa apertura informativa que hoy es posible advertir en la televisión mexicana, resultaría muy cuestionable afirmar que ésta efectivamente ha contribuido a establecer una auténtica cultura de votos ciudadanos razonados.
Ya muy avanzadas las campañas en pos de la presidencia de la República, irrumpe en el ciberespacio “Lupa ciudadana” [www.lupaciudadana.com.mx/ ]–iniciativa del grupo de intelectuales que publican la revista Letras Libres-, quienes han reparado en la necesidad de incorporar en México una útil herramienta digital que permitirá “generar una memoria crítica de las declaraciones de los candidatos en escena, poniendo en marcha un órgano público y compartido de seguimiento crítico y analítico”.
“Lupa ciudadana” indudablemente persigue propósitos similares al GIA. Su éxito dependerá del efectivo empoderamiento ciudadano. Si el mayor peso se concede a las calificaciones que extenderán académicos e intelectuales identificados con el proyecto de Letras Libres, a la factibilidad de cumplir las promesas realizadas por candidatos en campaña, la efectiva contribución de “Lupa ciudadana” al desarrollo cualitativo de nuestra democracia será muy limitado.



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