La Coctelera

En su edición del domingo 21, el diario Perfil cita apreciaciones de Carlos Fara, quien se viene desempeñando como asesor en la campaña presidencial del candidato del Polo Democrático Alternativo, Carlos Gaviria, en representación de la consultora Newlink, con sede en Miami (www.newlinkcorp.com).

"Uribe gana puntos y es favorito sin actuar como candidato"

El presidente colombiano, Álvaro Uribe, tiene casi asegurada la reelección. Los sondeos incluso descartan una segunda vuelta, porque en la primera, que se realizará el próximo domingo, embolsaría el 61.2 % de los votos. Tal adhesión se debe, en parte, a su estrategia de campaña: trabajar en vez de batallar con sus mayores oponentes: Carlos Gaviria, la floreciente figura de la izquierda del Polo Democrático, con 20.4 % de la intención de voto y Horacio Serpa, del alicaído partido liberal, con 13.7 % en las encuestas.

A Uribe le da resultado el consejo que su asesor Fabio Echeverri le dio en 2005: que su campaña reeleccionista debía ser sencilla, pequeña y poco masiva. "Basta con que sigas haciendo tu trabajo", le aseguró al conservador.

Fiel al plan, Uribe proyecta la imagen de un mandatario que no se distrae de su labor para buscar votos. Ni siquiera participó en los debates televisados. Se dedicó a explotar su mejor capital político: "Que los colombianos lo perciben como un hombre muy trabajador", comenta Carlos Fara, el consultor argentino que asesora a Gaviria.

Echeverri le había advertido a su jefe que mantuviera su defensa sobre la seguridad y la economía, pero incidiera más en lo social. Esa batalla se la gana Gaviria, concentrado en el desempleo, la pobreza, la despenalización del consumo personal de estupefacientes y la crítica al Tratado de Libre Comercio con EE.UU., protagonista de su último anuncio audiovisual: mientras Uribe y George W. Bush conversan, un locutor lanza el dardo ideológico: "Colombia tiene muchos productos para vender, pero el país no está en venta".

Gaviria suma puntos en los sondeos con su apelación a lo nacional, el respeto que se le profesa por ser un intelectual de izquierda moderado, y por su discurso social. Su avance es lo único que interrumpió la pasividad proselitista del jefe de Estado, quien recién pasó a la ofensiva pese a su convencimiento de que gobernará hasta 2010.

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