La Coctelera

Categoría: Palabras de otros 2007

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México. Miguel Angel Sánchez de Armas. "El gran profesor"

Juego de ojos

Miguel Ángel Sánchez de Armas

El Gran Profesor

Hace un mes se cumplieron 52 años de la muerte de Albert Einstein, el más notable hombre de ciencia del siglo XX. Si Dios creó el Universo y Newton lo explicó, este modesto profesor alemán lo ordenó. Utilizando sólo la fuerza de su mente, sin ayuda de los complejos y costosos aparatos científicos, los laboratorios, las supercomputadoras y los batallones de asistentes que hoy están a disposición de los investigadores en las universidades, pudo penetrar los enigmas del universo y explicarlos en un lenguaje llano e incluso encantador.
Produjo uno de sus primeros grandes trabajos cuando era empleado de la oficina de patentes en Berna. Es un documento de apenas tres cuartillas y tres pasos titulado ¿La inercia de un cuerpo depende de su contenido de energía? En él encontramos el antecedente inmediato de la que es sin duda la fórmula matemática más conocida en el mundo (se cita aunque no se entienda): E=mc2 , pero en el documento brillan por su ausencia las referencias eruditas y los latinajos que hoy son obligados en los papers científicos, y por supuesto no está en formato “APA”. Fue recibido por la revista Anales de la física el 27 de septiembre de 1905. Einstein tenía 26 años de edad.
No obstante haber revolucionado la física, tuvieron que pasar cuatro años antes de que fuera aceptado como profesor en Zurich en 1909. “Así que ya soy también un miembro oficial de la cofradía de las hetarias”, escribió a un amigo.
A los 36 años, Einstein había producido una de las más dramáticas revisiones de la idea del universo en la historia. Su teoría general de la relatividad no fue sólo la revisión genial de conocimientos ni el diseño de nuevas leyes, sino una nueva interpretación de la realidad. Sus efectos se registraron en la literatura, en la pintura, en las artes en general, y en la conducta de muchas generaciones.
Las anécdotas sobre Albert llenarían un grueso volumen, aunque casi todas pertenecen al reino de la mitología. Cierto que fue un alumno problema con una feroz, casi patológica, resistencia a la autoridad, pero jamás lo reprobaron en matemáticas. Al contrario, antes de los 15 dominaba el cálculo integral y el diferencial. Sí dijo que la imaginación es más importante que la inteligencia.
Descortés, contestatario, indiscreto, brusco, grosero, indiferente y frío, como estudiante del politécnico en Zurich llegó a ser la bête noir del claustro académico. Como maestro era desordenado y disperso, poco estimulante, y tendía a aburrir a sus alumnos. Claro que años después estos mismos rasgos dieron lugar a tiernas y sabrosas leyendas. Cosas de la fama.
En lo personal, era un hombre incapaz de establecer ligas afectivas profundas. Sus amigos varones conocían una faceta superficial de su personalidad. Con las mujeres se involucraba siempre y cuando no sintiera amenazada su independencia. Con sus hijos, si bien afectuoso y responsable, tendía a ser lejano.
La compleja personalidad de Einstein explica su genialidad. A riesgo de simplificar, parece que mientras los grandes físicos de su tiempo reverenciaban la figura de Newton y sus teorías las tenían como palabra revelada y dogma, Albert no tenía empacho en cuestionarlas mediante razonamientos -en este contexto- casi heréticos. Su rechazo a todo autoritarismo le permitió incursionar en terrenos, digamos, “prohibidos” y así dar nuevas soluciones a viejos problemas.
Acaba de publicarse la monumental biografía del Genio en la pluma de Walter Isaacson: Einstein. Su vida y su universo. Este libro minucioso, erudito y divertido, permite al mortal común y corriente seguir los pasos de quien una vez se dijo fue “El pensador más original en la historia de la Humanidad”. Algunos extractos:
“Durante toda su vida, Einstein conservaría la intuición y el asombro de un niño (…) ‘Las personas como nosotros no envejecen’ escribió a un amigo ya avanzada su vida. Nunca dejamos de asistir como niños curiosos al gran misterio en el que fuimos colocados’.
“La impertinencia de Einstein lo metió en problemas con Jean Pernet, el profesor del Instituto Politécnico a cargo de los ejercicios y experimentos de laboratorio. En la materia “Experimentos en física para principiantes”, Pernet le dio a Einstein un 1, la más baja calificación posible, ganándose así la distinción histórica de haber reprobado a Einstein en un curso de física.
“Creía que el requisito básico de la educación era la libertad intelectual (…) Cerca del final de su vida, el Departamento de Educación de Nueva York le preguntó en qué materias se debían empeñar las escuelas. ‘En la enseñanza de la historia’, respondió. ‘Deben organizarse amplias discusiones sobre la obra de personajes que beneficiaron a la humanidad gracias a su independencia de carácter y de juicio’. (…) ‘Es importante promover el individualismo’ dijo. ‘Pues sólo los individuos producen ideas nuevas’. ‘La obediencia ciega a la autoridad es la principal enemiga de la verdad’. (…) ‘Una carrera académica que obliga a producir gran cantidad de escritos científicos genera el peligro de la superficialidad intelectual’.
“Su éxito fue consecuencia de su capacidad para poner en tela de juicio ‘lo sabido’, de su constante reto a la autoridad y de su capacidad de asombro ante misterios que nada decían a otros”.
Todos podemos encontrar inspiración en la vida de este hombre, que además fue un incansable pacifista. En lo personal no deja de maravillarme cómo abordó el inquietante enigma de los límites del Universo y explicó, con la brillante y sencilla metáfora de los hombres bidimensionales en su mundo bidimensional, la curvatura del espacio. No es que hoy duerma más tranquilo por ello, pero al menos ya puedo ver las estrellas sin esa sensación de vacío que parecía arrancarme el corazón.

sanchezdearmas@gmail.com

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Columna de Miguel Angel Sanchez de Armas. Escribir en las tinieblas

Juego de Ojos

Miguel Ángel Sánchez de Armas

Escribir en las tinieblas


David Grossman perdió un hijo en la guerra el año pasado. Grossman es judío y vive en Israel. Hace unas semanas dio fe de la tristeza a la que se enfrenta un escritor -el oficiante más solitario del mundo- cuando el dolor puede ser más grande que la vida. La ausencia de su amado Ari es una espina clavada en el costado, pero las razones por las que el joven fue arrebatado de este mundo son otros tantos cardos en el alma del escritor.
Sus palabras me atravesaron el corazón como un rayo y me iluminaron cual relámpago salido de un cielo sin nubes.


Grossman tiene la valentía de oficiar en el altar de la palabra cuando por doquier se mueven fuerzas para secuestrarla y encapsularla, lo mismo en las fronteras del Medio Oriente que en Sudamérica que a lo largo y ancho de nuestro país, de nuestro estado, de nuestro municipio, mientras casi todos miramos con la indiferencia sombría del verso de Martín Niemöller: Cuando los nazis vinieron por los comunistas / me quedé callado; / yo no era comunista. / Cuando encerraron a los socialdemócratas / permanecí en silencio; / yo no era socialdemócrata. / Cuando llegaron por los sindicalistas / no dije nada; / yo no era sindicalista. / Cuando vinieron por los judíos / No pronuncié palabra; / yo no era judío. / Cuando vinieron por mí / no quedaba nadie para decir algo.


De la edición del New York Times del domingo 13 de mayo tomo unos párrafos de la conferencia de David Grossman:
“No es fácil hablar de uno mismo, así que antes de abordar mi experiencia como escritor quisiera hacer unas observaciones sobre el impacto que un desastre, una situación traumática, tiene en el conjunto de una sociedad y de un pueblo. De inmediato recuerdo las palabras del ratón en el cuento de Kafka, cuando al caer en la trampa y mientras el gato se abalanza sobre él, exclama: ‘Cielos, el mundo se hace más estrecho cada día’.


“Sí. Tras muchos años de vivir en la extrema y violenta realidad de un conflicto político, militar y religioso, puedo decir con tristeza que el ratón de Kafka tenía razón: cada día que pasa el mundo disminuye y se hace más angosto. También puedo hablar del vacío que lentamente se genera entre el ser humano individual y la caótica y violenta situación externa en la que vive. Esta situación es la que le dicta la vida en todos los aspectos.
“Este vacío se llena rápidamente con apatía, con cinismo y, más que nada, con la desesperanza que alimenta situaciones distorsionadas y en ocasiones las hace perdurar durante generaciones.


“De ahí que uno se convenza de que tal vez es mejor no pensar y optar por no saber, en la creencia de que se está mejor si se deja en manos de quienes ‘saben más’ la tarea de pensar y dictar las normas morales: Más que todo, me va mejor sin sentir tanto… por lo menos hasta que esto pase. Y si no pasa, por lo menos alivié en algo mi sufrimiento mediante un útil adormecimiento, me protegí lo mejor que pude con ayuda de un poco de indiferencia, una pizca de sublimación, algo de ceguera intencional y grandes dosis de autoanestesia.


“En otras palabras, por el perpetuo y muy real miedo a ser herido o muerto, o a una pérdida insoportable, o incluso hacia la simple humillación, todos y cada uno de nosotros, los ciudadanos del conflicto -en realidad sus prisioneros- atemperamos nuestra actividad y nuestro diapasón cognoscitivo interno con múltiples capas protectores que terminan por ahogarnos.


“El ratón de Kafka tiene razón: cuando el predador ataca, el mundo en verdad se hace cada vez más estrecho, lo mismo que las palabras que lo describen. Desde mi experiencia, puedo decir que las palabras con las que los ciudadanos de un conflicto prolongado nombran su predicamento se hacen más superficiales en la medida en que el conflicto perdura. El lenguaje gradualmente deviene en clichés y en frases hechas a partir de la fraseología de las instituciones que administran el conflicto -el ejército, la policía, las oficinas de gobierno- y rápidamente se filtra a los medios que dan cobertura al conflicto, germinándose un lenguaje aún más astuto diseñado para dar al auditorio versiones de fácil digestión que en última instancia se trasfunden al idioma íntimo y privado de los ciudadanos del conflicto, incluso si lo niegan.


“En realidad este proceso es más que comprensible. Después de todo, la riqueza natural del idioma y su capacidad de tocar los hilos más delicados de la existencia, puede dañar profundamente en la medida en que nos recuerda la generosa realidad de la que estamos siendo desposeídos, de su verdadera complejidad y sutileza. Y conforme permanece este estado de cosas, y se hacen más huecas las palabras usadas para describirlo, el discurso público disminuye y lo que prevalece son las banales acusaciones entre enemigos o entre adversarios políticos en el mismo país. Lo que queda son los clichés que usamos para describir a nuestros enemigos y a nosotros mismos: en última instancia una colección de supersticiones y crudas generalizaciones en las que nos enredamos nosotros mismos y envolvemos a nuestros enemigos. Sí, el mundo en verdad se está haciendo más angosto.


“No pienso únicamente en el conflicto del Medio Oriente. En todo el mundo hoy, billones de personas enfrentan un ‘predicamento’ de una u otra naturaleza en el cual la existencia personal y los valores, la libertad y la identidad, están bajo amenaza.


“Es en esta realidad en la que nosotros los autores y poetas escribimos. En Israel y en Palestina, en Chechenia y en el Sudán, en Nueva York y en el Congo. En ocasiones, después de varias horas de escribir, pienso que en ese mismo instante otro escritor a quien no conozco está en Damasco o en Teherán, en Kigali o en Belfast, igual que yo inserto en una realidad preñada con tanta violencia, indiferencia y disminución y entregado a esta quijotesca artesanía de la creación. Tengo un aliado distante que no me conoce, pero juntos tejemos una red intangible y de enorme poder: el poder que puede cambiar el mundo y que puede crear mundos, el poder de hacer que los mudos recuperen el habla, el poder para sanar a la humanidad en el sentido profundo que el tikkun tiene en la cábala.


“Los escritores sabemos que cuando escribimos, sentimos al mundo moverse. Es flexible, preñado de posibilidades. Ciertamente no está congelado. En donde quiera que permea la existencia humana no hay congelamiento o parálisis y en realidad no hay status quo, aunque muchos se empeñan en hacernos creer que el status quo existe. Cuando escribo, incluso en este momento, el mundo no se me viene encima y no se hace angosto, sino que insinúa gestos de apertura hacia posibilidades futuras.


“Escribo, y siento cómo el uso correcto y preciso de las palabras es cual remedio para una enfermedad, como un purificador del aire. Aspiro, y al exhalar, expulso las suciedades y manipulaciones de los rufianes de la palabra y de la variopinta gama de violadores del idioma. Escribo, y siento cómo la ternura e intimidad que tengo con las palabras, con sus diferentes capas, con su erotismo, con su humor, con su alma, me devuelven el ser que fui antes de que fuera nacionalizado y confiscado por el conflicto, por los gobiernos y los ejércitos, por la desesperación y la tragedia.


“Escribimos. El mundo no se nos está cerrando. Qué afortunados somos. El mundo no se está haciendo más angosto”.

sanchezdearmas@gmail.com

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México, Diego Juárez. Afiche 17

RETRATO DESVAÍDO DE UNA CABEZA EXILADA

DE SU CUERPO DESVALIDO

A Héctor Martínez Reyes; maestro de la prestidigitación,

el secreto de sus trucos tiene un principio existencial:

hacer sentir bien a la gente hasta desternillarse nomás de alegría.

A Leti González Franco, mujer aguerrida… fractal del universo cortazariano:

Se hace lo que se puede y se puede lo que se hace.

Calaveras y Diablitos:

“…No quiero morir sin antes haber amado,

pero tampoco quiero morir de amor,

calaveras y diablitos invaden mi corazón ”

Los Fabulosos Cadillacs.

Iniciamos este afiche con una de las crónicas musicales de la ópera rock Un día esplendoroso (zplendoloroxo) en la vida de un punknihilista de la cofradía de los kabexas caztradax, del pianista celta Abraxas Sleepwalk Morphine, fundador y líder del grupo Underground Sky:

Lluvia incesante. ¿Tormenta? Mi oficio de taxidermista dispara mi mente hacia atmósferas de desgarramiento físico de reptiles y mamíferos, mientras con destreza manejo el bisturí y corto fino; no siento nada cuando el sufrimiento cede con el último latido. Hoy estas imágenes coexisten por primera vez con un dolor moral y emocional que abandona mi espíritu en la nada. Estoy parado justo en la esquina, o casi, de la rue n y de la street x. Acogiéndome a los subterráneos del balcón de un departamento demodé de primer piso. No sé si espero que amaine, escampe o se haga de noche. El caso es que la intensidad es mayor. Se ha estacionado en cuasi diluvio. Permanezco aquí no por el agua, sino porque sé que me voy a ir para siempre de su vida. Me había echado antes pero nos faltaba tocar fondo. El portazo de la tarde abrió la puerta a una desgracia que venía de siglos atrás; sí, exagero, pero a estas alturas qué más da poner un tiente trágico a la inefable comedia. Está en su departamento del edificio de la contra esquina y yo no quiero refugiarme en el mío, al otro lado de la ciudad o a hora y media, mínimo, de camino. Por lo visto no terminará de llover nunca, no sé si me iré. La verdad el dolor es consecuencia justa de mi irracionalidad y enfermedad. Pretender resucitar lo que maté con mi irresponsabilidad es algo pueril. La rabia y el resentimiento han provocado en mí un impulso irrefrenable: hacer lo que esté al alcance de mi mano para que todo vaya peor. Arrastro una indiferencia endémica: la vida y la muerte están igual de podridas. Que se haya ido al quedarse en su piso hace que, a pesar de salir, me haya quedado. Nunca pensé que el infierno fuera tan húmedo y frío… un alivio insoportable.

A pesar del sentimiento lacónico exponemos esta manifestación de la cotidianidad como un fresco desvaído de los estallidos con los que la vida retrata su intenso sentido paradójico.

Las paradojas expresan incompatibilidades entre dimensiones opuestas o aun extrañas respecto de las habituales, convencionales, aceptables, verdaderas o correctas, atribuidas a una entidad o identidad. A propósito un ejemplo plasmado por un sicario anónimo en una pared de un vecindario arrabalero de Cali: tengo muchas ganas de vivir por eso me quiero morir.

Hoy llueven palabras. Tormenta de expresiones. Infinidad de riachuelos de letras pueblan las calles. ¿Cuántas lexias podrían construirse con este diluvio? El universo. Paradoja: mientras todo se vuelve río, laguna, lago, mar, océano lingüístico; las palabras me deshabitan, mis pensamientos se desvanecen y comienzan a gobernarme las tinieblas: reina el silencio1.

La controvertida filósofa del movimiento brasileño punkskato autodenominado Amazonambuluxdemenxtruction, Hemerta Madredeus Antúnez, señala que cuando reducimos la vida a una expresión mínima, el resultado no es un átomo o carbono, sino una paradoja que le confiere un sinsentido aparente; que nos revela que en nuestro origen y destino, si existe un determinismo, en todo caso éste se caracteriza por: no hay causalidad, todo es producto del azar y hay autonomía en todo.

Si pudiéramos caracterizar el ánimo que guía este afiche, diríamos que lo invade una especie de cáncer de la paradoja cuyo desenlace es un escepticismo, que en términos gráficos es similar a la situación descrita en el Tratado de autoconmiseración de un skinhead sin pene del cronista de las zonas oscuras y densas de Bucarest, el poeta rumano Dimitri Brush Deleuze:

Los primeros signos fueron dolores de cabeza sin dolor. Pequeñas fugas de mí. Salidas a ningún lugar donde me perdía sin recordar adónde iba y de qué sitio provenía. Después fueron los intentos de suicidio y de asesinato, según relatan mis detractores. Luego mi cabeza se salió de mí, no sé si voló con algún viento o con algún movimiento brusco se desprendió; algunos andan con la patraña de que yo mismo la arranqué de tajo y la arroje del automóvil en marcha. Finalmente, me he dado cuenta con horror que quedé prisionero en la cárcel recóndita de esa mixtura de masa encefálica, cráneo y piel que rueda por el pavimento sucio.

Queremos aplicar nuestra predisposición escéptica y de paradoja para sostener una objeción a la opinión pública. Término con el que los medios de comunicación y los analistas políticos justifican una aprobación de los ciudadanos al presidente formal de México, Felipe Calderón Hinojosa, luego de casi 5 meses de su gobierno.

De retrato desvaído puede ser la forma de representar mejor la situación de la opinión pública: se apela constantemente a ella, se da por entendida y no obstante, su misma definición es ambigua y su existencia es, en no pocas ocasiones, puesta en duda. Lejos de sorprendernos por tal situación, sería tanto como darle un carácter excepcional a tal hecho, pensamos, en un sentido opuesto, que se trata de un lugar común; lo más probable es que, después de aplicar un ejercicio reflexivo básico, los conceptos, valores, normas e ideas en los que se finca y mueve la sociedad, resulten inconsistentes. Preguntar por ellos más allá de su expresión y popularidad, nos lleva a callejones sin salida aparente: sí, pero no.

Visto en perspectiva general, las fronteras que separan un momento o estado de otro, son líneas arbitrarias e imaginarias: ¿qué es lo que divide lo normal de lo anormal?, ¿dónde está la línea que distingue lo público de lo privado?, ¿la opinión es una actitud o una expresión? La forma de plantearnos las preguntas y de resolverlas está en función de nuestra posición, intereses, expectativas y un conjunto de razones.

La tarea de los analistas formales interesados en la definición de la opinión pública se encamina a recortar posibilidades con la finalidad de establecer alguna correcta. Así por ejemplo, mientras para un clásico como Young, la opinión es de carácter verbal y simbólico, para Sprott, otro célebre experto, es una actitud2. Si tomamos esta ruta, empezaríamos con otra disquisición, ¿por qué para Young o Sprott la opinión es lo que es y no otra cosa?, e incluso saliéndonos de la diferenciación y viéndolos como “ambos”: ¿Qué tienen en común sus planteamientos y por qué?

Percibiríamos así varias cosas, una sería encontrar en ambos una perspectiva psicologista que contrasta, hasta cierto punto, con la exposición de la espiral del silencio de Noelle-Neumann3, quizás porque ésta noción está inserta en disciplinas sociopsicológicas. Si buscamos en otras disciplinas probablemente encontraremos otras aportaciones relacionadas con la opinión pública, lo mismo ocurriría si lo miráramos desde un desenfoque que nos arroje el retrato desvaído de una cabeza exilada de su cuerpo desvalido: ¿plantearíamos a la opinión pública desde una perspectiva de causalidad múltiple y de incertidumbre en su determinación como si se tratará de algo multidimensional, relativo y variable; como si le aplicáramos una perspectiva reticular-circular, en vez de una lineal? Es probable que entre los resultados tengamos a la opinión pública como un campo multidisciplinar donde convergen-divergen la sociología, la ciencia política, la semiótica, la antropología, la biología, las matemáticas, la cibernética, la comunicología, la psicología, la ecología, la lingüística…

Imaginada así, la opinión pública admitiría en términos formales una especie de autorreferencia que se revertiría en su identidad, prácticas, tecnologías, sentido y finalidad (autoconciencia): ¿la opinión pública es un espacio por/para/con/de los ciudadanos o, así como se presenta/usa por el poder es una ficción de una aparente representatividad del pensar/sentir/hacer/vivir de la gente (a la cual en el fondo se posterga o excluye) dentro de la pretensión de una sociedad democrática? En suma: ¿Qué lugar ocupan en el proyecto de gobierno de Calderón los más de 50 millones de mexicanos que viven en la pobreza?, ¿qué peso tienen estos compatriotas en la definición del proyecto de país?, ¿de qué manera las necesidades, intereses, preocupaciones de los pobres y marginados se proyectará en el diseño de las políticas públicas?

Nos invade la desconfianza y el escepticismo: nuestra opinión pública aprueba a un gobierno que trabaja para cierta parte de la sociedad, la de los grupos de poder, la de los grandes empresarios, la de los grupos convencidos de vender el patrimonio nacional. Una opinión pública que antes aprobaba a un gobierno responsable/cómplice de las represiones a los globalifóbicos en Jalisco, de las violaciones a las mujeres de San Salvador Atenco, del escalamiento y de la violencia posterior contra la APPO en Oaxaca. Y ahora resulta que palomea una presidencia complaciente con un grupo del Ejército responsable de la violación y muerte de una anciana en la sierra de Zongolica en Veracruz, a un presidente que deja pasar y hacer la violencia simbólica de los grupos de ultraderecha en contra de los representantes de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal a favor de la despenalización del aborto.

Esta opinión pública no expresa un consenso, no manifiesta la postura de todos, o por lo menos de la mayoría; es el punto de vista dominante de ciertos medios, de algunos analistas y periodistas, de determinados grupos que expresan su visión del país, que cuentan con los medios económicos para amplificarla y aun hacerla pasar como la de todos.

Quizás exageremos, pero no puede descartarse tampoco lo siguiente. ¿No será esta expresión de la opinión pública que aprueba a Calderón, uno de los saldos de lo que advierte José Antonio Crespo, catedrático-investigador del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), como riesgos del idealismo democrático (en su artículo Democracia Real. Del Idealismo Cívico al Civilismo Racional, publicado en el número 18, volumen 5, de abril-junio de 2001, de la revista Metapolítica)?:

La creencia de que es posible alcanzar sus objetivos concretos -gobernantes virtuosos, consensos políticos y sociales, unanimidad en torno de un ideal colectivo, participación directa permanente de los ciudadanos, entre otros-, el idealismo riega el campo del autoritarismo, que se vale de tales valores y objetivos para disimular prácticas excluyentes, impositivas, censoras y represivas. El discurso político de las dictaduras no suele diferenciarse gran cosa –a veces prácticamente nada- de los términos y concepciones propias del idealismo democrático.

La nueva geometría no configura, desfigura, transfigura. Intenta dar cuenta de lo nebuloso, de lo monstruoso. Representa construyendo imágenes cercanas a una zoología fantástica o a un catálogo de entes fantasmagóricos. No calcula ni mide, desparametriza el universo: fotografía desfocalizada del caos y azar; de los delirios y estallidos. Está más cercana a las representaciones del horror o la desolación elaboradas por artistas alcohólicos y drogadictos. No es una geometría base para inventar las matemáticas, la física, la mecánica, la biónica y la robótica, que cambiarán el mundo, que nos hará más productivos y felices. La nueva geometría es dinamita para pulverizar todo; expresa el hastío, la rabia y la irracionalidad propia de lo peor de la vida. Geometría de la decadencia4.

En el texto Visiones sobre el México finisecular, que presenta la conversación entre el filósofo Cornelius Castoriadis y la comunidad universitaria del ITESO, publicado en el número 18, volumen 5, de abril-junio de 2001, de la revista Metapolítica, el pensador franco-rumano señaló:

La democracia no es un modelo institucional con determinada forma, sino sobre todo, la autoinstitución explícita reflexiva de la sociedad. Y la verdadera democracia es aquella en que todos participan en la toma de decisiones. Es un espacio de opinión (doxa) en el que todos pueden participar, formando ciudadanos capaces de gobernar y de ejercerla de manera directa. La democracia es conocimiento y participación de todos en el establecimiento de la ley.

A esta posición respecto de la democracia añade algunos calificativos que nos la presentan como una modalidad de autorreflexión social a propósito del destino de la sociedad local y global:

La democracia conlleva movimiento, versatilidad, como parte de su dinámica. El espacio democrático se interroga sobre las mejores instituciones, no instrumentalmente, sino en torno al sentido de justicia: para establecer una sociedad tan justa y libre como sea posible. La idea de la modernidad sobre la autorreflexividad, individual y colectiva, supone retomar el rumbo para construir una democracia, en sentido eminentemente participativo, a escala planetaria: la especificidad de la civilización occidental es esa capacidad de ponerse en cuestión y de criticarse a sí misma.

Culmina esta parte de la exposición planteando en términos pragmáticos, la condición de interlocutores ciudadanos que debe existir para profundizar la constitución de la democracia más allá de la esfera electoral:

De manera que la competencia electoral entre los partidos no supone ningún avance democrático de fondo, si al mismo tiempo no incorpora la posibilidad de que los ciudadanos puedan actuar como interlocutores en la esfera pública, por ejemplo, en el diseño de políticas públicas y en su instrumentación social participativa.

Regresamos a nuestra discusión: la opinión pública con la que se nos pretende convencer de la aprobación creciente al gobierno de Calderón, ¿es un espacio real y concreto de participación en el que los ciudadanos actúan como interlocutores en la esfera pública y como contrapeso efectivo al ejercicio del poder?

Las investigaciones realizadas, el manejo informativo (y la actuación general) por parte de los distintos niveles de gobierno y de los diversos organismos, el trabajo desarrollado por los medios de comunicación, en el caso de la mujer violada por miembros del Ejército en la sierra de Zongolica, ¿reflejan que en efecto estamos en una democracia que es conocimiento y participación de todos en el establecimiento de la ley? ¿Realmente estamos hablando en este caso de un funcionamiento institucional que proyecta a una sociedad profundamente justa y libre?

Al parecer no se cumple el criterio axial sociodemocrático que sustenta a una opinión pública de una sociedad libre y justa, ni se cumple el criterio axial sociopolítico que fundamenta a una sociedad democrática donde funciona a plenitud un espacio público de reflexión y actuación que mandata al gobierno y contribuye con su poder a la configuración del destino de la sociedad.

En México estamos todavía en una orfandad de una política realmente de tipo democrático, ésa que en palabras de Cornelius Castoriadis:

Implica una institucionalidad que permite y promueve su propio cuestionamiento. Cuando aparece la política, hay un reconocimiento explícito de que la institución social y la ley no se fundan más que en la sociedad misma, son una obra humana sujeta a su propia capacidad crítica, que renuncia a toda posibilidad de legitimidad fuera de sí misma.

El ascenso de la política (proyecto y ejercicio de la política como tal) implica una institución explícita de la sociedad: esto permite que la institución sea cuestionada dando lugar a una absorción de lo político, como poder explícito, en la política, actividad lúcida y deliberante que tiene como objetivo la institución explícita de la sociedad.

Requerimos una política cuyo sentido sea la institución explícita de la sociedad, en este caso, que la opinión pública aprobara a su presidente o a su gobierno se trataría de una señal inequívoca de que ese presidente o gobierno está sujeto a la institución social y a ley fundada en la sociedad. Esto no significaría que la sociedad estuviera de acuerdo con la competencia de su presidente, más bien querría decir que al auto-observarse estaría de acuerdo en que desde el gobierno participa (y sin cesar debería seguir participando en un proceso creciente de ciudadanización) en la profundización de una vida democrática como un medio civilizado para el mejoramiento permanente de la vida social no sólo en la dimensión local, también en la global como plantea Castoriadis:

La globalización es una expresión de la actual fase expansiva del capitalismo que trae aparejados consigo severos costos sociales para los países en desarrollo. Por otra parte, esta nueva dinámica de alcances mundiales no permite a las naciones sustraerse de ella. Sin embargo hoy, como sucedió en Judea con el símbolo de David contra Goliat, las sociedades y organismos sindicales y empresariales pueden apoyarse en el andamiaje de la globalización para imponer mejores condiciones laborales, ambientales y sociales. Así, si en la actualidad existen organismos internacionales fuertes, me pregunto por qué no podemos pensar en organizaciones y redes sociales y ciudadanas de carácter mundial convertidos en grupos de presión importantes.

Ciudad rizomática: de parejas hundidas en el fango de acusaciones mutuas de infidelidades; de edificios convertidos en cascajo de corrupción por terremotos indolentes; de seres errantes amnésicos sin propiedad, amor y porvenir. Ciudad reumática: de grietas en el suelo, en los parques, en las casas y en los vínculos íntimos; de dolores silenciosos que se llevan sin recato ni dignidad, previos al estallido del cáncer en las costras de smog; de sirenas de patrullas y ambulancias que anuncian muertes por violencia antropoética. Ciudad autopoiética: fábrica del desamparo, vientre de neonatos pútridos, tumba de esperanzas mal paridas abortadas por comadronas drogadictas; mixtura de vicio y vacío, heteropoiesis del olvido, laberinto de signos vitales siempre a punto de la muerte sin alcanzarla, inscritos en heces fecales; cara llena de cicatrices sin sanar, de navajas incrustadas en los ojos; cabeza a la que se ofrendan coronas de espinas de rufianes hijos de dioses que blasfeman por la falta de ice. Ciudad profética: de destinos sin trazo, objeto o proyecto, de eterno final infeliz; de sudores sin recompensa, sin placer ni sol; de voluntades compradas por el poder, vendidas por no poder dejar el crack, dilapidadas en el basurero donde se tira todo lo que termina por no servir. Ciudad traumática: donde el sótano está en las nubes y el cielo es subterráneo5.

No queremos terminar nuestra discusión sin aportar dos cosas al tema de la opinión pública, la política y la democracia. La primera tiene que ver con una idea de Ramón Máiz, profesor de Teoría del Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela, España: repensar la democracia como radicalización de la política. La segunda consiste en un planteamiento para evaluar la calidad de la democracia, de la socióloga Mónica Duhem6 que presenta en su artículo La importancia de definir un concepto de calidad de la democracia.

Máiz se pregunta: si el ingreso, la riqueza de los ciudadanos son también recursos políticos, y no están distribuidos equitativamente, ¿cómo podrían los ciudadanos ser iguales en el plano político? Y si no lo son, ¿cómo puede existir la democracia?

Para él no existe disociación entre democracia y economía: en un país democrático avanzado el sistema económico debe entenderse como un instrumento no sólo de la producción y distribución de bienes y servicios, sino de una gama mucho más amplia de valores democráticos.

Su postura se completa con un razonamiento que hemos sostenido sistemáticamente casi desde el inicio de los afiches, que la democracia sea un medio para poner límites a los excesos del mercado y, en sentido inverso, que se lleven a cabo cambios en el modelo económico con la finalidad de revertir las condiciones materiales de vida que impiden alcanzar una democracia sustantiva o hacer de la opinión pública una institución de deliberación real:

La deliberación lleva consigo exigencias procesuales de libertad de los participantes, acceso a la información e igualdad de los participantes, que erosionan y remueven los propios límites de la esfera política para proyectarse sobre el entero orden social de la economía de mercado, induciendo profundas transformaciones del mismo, urgiendo la revisión de la perspectiva liberal clásica, de la política al servicio de la economía competitiva.

En México, la democracia en el sentido planteado por Ramón Máiz no parece ser un objetivo incorporado a la definición del proyecto de país. Quizás la idea misma de un proyecto que nos ayude a establecer un rumbo sea improbable a estas alturas, porque no existe como tal en los programas políticos ni es un tema claro en la discusión de los diversos actores (mucho menos de la amplias capas de población), está fuera de agenda, marginado de la opinión pública. Por eso no deja de ser hasta cierto punto radical apostar por una democracia adjetivada donde uno de los sentidos es potenciar las oportunidades de autogobierno y autodeterminación de los ciudadanos7.

La propuesta de la maestra Duhem contempla 10 aspectos a partir de los cuales uno puede construir el mapa de la calidad de democracia que tenemos en las escalas federal, estatal y municipal.

Calidad democrática Descripción
De la competencia electoral Grado en el que el proceso electoral de cargos públicos resulta en un voto libre, informado y respetuoso de los derechos civiles y políticos.
De la vida interna de los partidos Grado en el que el funcionamiento interno de los partidos políticos se basa en una gestión sujeta al control democrático de sus afiliados.
De la administración de justicia Grado en el que el acceso y el funcionamiento de la administración de justicia protegen los derechos ciudadanos equitativamente.
De la formación de leyes Grado en el que la formación de las políticas públicas está basada en el respeto de las garantías constitucionales.
Del trato institucional Grado en el que el funcionamiento de las instituciones públicas está abierto al escrutinio público.
De los gobiernos locales Grado en el que los gobiernos locales gobiernan democráticamente.
De la participación ciudadana Grado en el que la libre participación ciudadana modifica la ejecución de políticas públicas.
De la sociedad civil Grado en el que el funcionamiento de la sociedad civil es independiente del Estado y sujeto a control democrático.
De la opinión pública Grado en el que la formación de opinión pública se ejercita mediante una libre, oportuna, informada y equitativa expresión de las preferencias ciudadanas.
De la cultura cívica Grado en el que la cultura cívica de las personas está basada en valores democráticos de pertenencia a una comunidad política nacional.

Sugerimos a nuestros amables lectores un ejercicio elemental. Con base en el cuadro evalúen cómo está su municipio, su estado y/o el país. Trabajen con una escala del 0 al 4 donde: 4) se cumple al 100%, 3) se cumple en un 75%, 2) se cumple en un 50%, 1) se cumple en un 25%. 0) no se cumple. Ahora califique con base en esa escala la situación de cada una de los aspectos propuestos. Cuando termine sume todos los puntos acumulados. El resultado lo puede ubicar de esta manera:

Rango Grado de calidad
40 – 35 La democracia es excelente
34 - 27 La democracia buena
26 – 18 La democracia es mediocre
17 – 9 La democracia es mala
8 – 1 La democracia es pésima
0 No hay democracia

En efecto se trata de una evaluación subjetiva, como todas. Es más interesante si este ejercicio lo puede compartir con otros y comentar sus impresiones con ellos, habrán hecho entre todos un ejercicio estimable de evaluación de la democracia mexicana teniendo como pretexto todo lo anterior. La pregunta que seguiría es: ¿qué debemos hacer como ciudadanos para mejorar la calidad de nuestra democracia?

Al margen de este ejercicio sencillo. Si observamos el cuadro con cierto detenimiento encontraremos que trata aspectos generales y básicos, pese a lo cual un ejercicio más profundo de constatación permitiría refutar las ideas dominantes a propósito de que México está implementando una democracia de calidad y que por lo tanto, el paso siguiente es demostrar su eficacia para llevar bienestar a la gente sin modificar las variables macroeconómicas ni el modelo neoliberal elegido para responder a los retos de la globalización.

No desestimamos esta última pretensión mas no puede proceder si antes no somos realmente un país democrático en todos los espacios y alcanzamos una calidad óptima en las formas de autogobierno y autodeterminación de los ciudadanos.

No quiero morir de sueños,
pero tampoco quiero morirme sin haber soñado
No quiero morir de sueños,
pero tampoco quiero morirme sin haber soñado

Cielo subterráneo
Cielo subterráneo
Sueños enterrados
Sueños enterrados8.

Sin ceder en la perspectiva escéptica, sí es importante recoger algunos de los brotes de dignidad (al menos todavía existen personas que dicen con autoridad moral, como en la canción de Fito Páez: no todo está perdido… yo vengo a ofrecer mi corazón), que serían algo así como el lado oscuro de la luna de la opinión pública. En este lacónico afán de aportar, con el que estamos culminando este afiche, y en abono a un optimismo lánguido que no hace concesiones a la patraña de un presidente sin méritos, aprobado por una opinión pública que emplea el mismo rigor para calificar como el ejercido por los profesores del SNTE cuando evalúan el liderazgo moral de la maestra Elba Esther Gordillo; transcribimos dos casos.

El primero es una parte de un texto donde habitantes de varias colonias de bajos recursos del municipio de Naucalpan de Juárez, Estado de México, se dirigían a Felipe Calderón Hinojosa, justo cuando los medios se movilizaban para expresarnos con desmesura la aprobación a su gobierno por parte de la ciudadanía:

Lic. Felipe Calderón Hinojosa,

Presidente de nuestra República Mexicana,

pero no reconocido por la mayoría de los mexicanos.

PRESENTE.

Por medio de la presente, los que suscribimos este manifiesto señalamos lo siguiente:

Somos gente organizada de algunas colonias populares del municipio de Naulcalpan de Juárez, y pedimos que se respeten nuestros derechos como ciudadanos mexicanos, en virtud de lo cual solicitamos cumpla usted las promesas de su campaña electoral.

En sus discursos ofreció empleos bien remunerados; se comprometió a bajar el precio de la gasolina, del gas doméstico, de la energía eléctrica, de la canasta básica, del agua potable. Dijo que todo esto lo haría para que los mexicanos de bajos recursos viviéramos mejor. Ahora llegó el tiempo de cumplir todos sus compromisos.

Sr. Felipe Calderón, los mexicanos pobres le solicitamos haga a un lado las mentiras, las calumnias, la persecución, y el autoritarismo represivo y criminal en contra de los luchadores sociales. Un ejemplo de esto es el caso de Oaxaca donde usted continuó lo iniciado por Vicente Fox Quesada, un cínico, farsante, hipócrita, cobarde y traidor a la democracia, a la patria y a los mexicanos.

Sr. Calderón, usted habla de un México de leyes, pero sin justicia verdadera. Usted jamás se ha pronunciado por un derecho humanista para todos los mexicanos, menos para todos los que vivimos en una pobreza extrema. Nosotros nos hemos organizado en las colonias populares donde habitamos y repudiamos a todos los gobiernos y a los grandes empresarios, tanto extranjeros como mexicanos, por explotadores del pueblo trabajador y de los campesinos de nuestro país y del mundo.

Sr. Calderón Hinojosa, con nuestras firmas queremos que usted comprenda nuestro repudio y coraje hacia todo mal gobierno que con obediencia ciega favorece al capitalismo, a las trasnacionales y al imperialismo yanqui; éste último responsable de terrorismo de verdad, de actos criminales en el mundo, de bombardeos a pueblos indefensos, actos cuya finalidad es apoderarse de las riquezas naturales producidas por la sagrada tierra. Todo esto ocurre con la complicidad de gobiernos traidores a la patria que entregan el patrimonio de sus naciones. Es el caso de México donde no se explica de otra forma por qué tanto poder concedido a los grandes empresarios y a las trasnacionales para que se apoderen de los recursos estratégicos como el petróleo, el gas y la energía eléctrica…

El otro texto forma parte del discurso del presidente legítimo de México, Andrés Manuel López Obrador, pronunciado hace casi dos meses, durante la asamblea plenaria de la Convención Nacional Democrática, el 25 de marzo en el Zócalo de la Ciudad de México:

Se necesita de una nueva convivencia social, donde prevalezca el interés colectivo y haya justicia, para darle a cada niño, a cada joven, a cada anciano, a cada mujer y a cada hombre, nuevas, importantes y poderosas razones para vivir, para soñar y para triunfar en este país generoso y fraterno.

La transformación que requiere México implica también fortalecer nuestra cultura y nuestros valores comunitarios de solidaridad y de ayuda mutua, para contrarrestar la forma de vida que ha venido imponiéndose donde el dinero triunfa sobre la moral y la dignidad del ser humano.

Estas dos muestras son como una luna en medio de la noche. Una imagen inmejorable a propósito de esto la expresa de manera muy sensible la poeta mexicana Leticia Luna en su texto La luna es un grafitti sobre la ciudad9, con lo que estamos seguros dejamos un sabor de boca menos amargo a nuestros lectores:

La ciudad es una olla express

que gotea sus vapores sobre sí

mientras la luna es el grafitti

más bello de la noche…

Diego Juárez Chávez.

Tlalnepantla, Edo. de Méx., abril-mayo de 2007.

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México. Miguel Angel Sánchez de Armas. Andrés Iduarte: una voz necesaria

Juego de Ojos
Miguel Ángel Sánchez de Armas
Andrés Iduarte: una voz necesaria


Cuanto pensé lo dije, cuanto dije lo sostuve.
Andrés Iduarte

Dice Leonardo Ffrench Iduarte de su ilustre antecesor que fue “un mexicano más conocido y reconocido en el extranjero que en su propio país”. Tiene razón. Quizá debamos preguntarnos, ¿por qué? ¿Por qué permitimos que la memoria de este gran mexicano se diluyera? ¿Fueron sus largas ausencias? ¿Fue la osadía de decir lo que pensaba y de mantener una postura independiente cuando éstos eran pecados civiles? En junio de 1954 Andrés Iduarte fue cesado de la Dirección General del INBA por “comunista”, en uno de los tristes episodios del macartismo mexicano. ¿Su crimen? No haber impedido que la bandera soviética fuera colocada sobre el féretro de Frida Kahlo.

Decidí releer a Andrés Iduarte. Y confirmé con dolor que no es un autor que esté vigente en las librerías. Los criterios que rigen el mercado editorial, al igual que sucede con muchas otras mercancías, determinan que también en este ámbito imperen las modas.

El tabasqueño es uno de esos escritores del que muchos hablan, que tiene menciones en los catálogos y que es citado por la Academia, pero que muy pocos han leído. El Instituto de Cultura de Tabasco publicó en 1993, en ocho tomos, sus obras completas. Lamentablemente, en la dualidad global-región, en nuestro país, la segunda tiene un papel marginal. Las ediciones estatales difícilmente llegan al centro del país.

Hoy, los jóvenes no sólo no leen a los escritores como Iduarte y muchos de sus contemporáneos, sino que no los conocen. No los leen, en principio, porque no saben que existen. Ésa es una situación que debe corregirse.

Me refiero especialmente al desconocimiento de los jóvenes porque la literatura de Andrés Iduarte es un espejo en el que, más allá de la época, se puede ver reflejada la juventud. Iduarte dio inicio a su producción literaria muy joven. Era profesor de la Escuela Nacional Preparatoria a los 23 años y por la misma época director de la Revista de la Universidad de México. Se dice fácil, pero tuvieron que ser muchas las credenciales académicas, literarias y de conocimiento para que un joven de esa edad pudiera echarse a cuestas responsabilidades de esta naturaleza. Antes de los 30 ocupó cargos públicos, encabezó la Secretaría Iberoamericana del Ateneo de Madrid y ya había escrito El libertador Simón Bolívar (1931), Homenaje a Bolívar (1931) y El problema moral de la juventud mexicana (1932).

Iduarte no sólo es un ejemplo de disciplina sino también de energía y actividad, pues las tareas de carácter público no disminuían su creatividad ni su prolijidad como escritor. Preparatoria que es un libro impregnado de autobiografía, contiene textos que Iduarte escribió siendo alumno de la Escuela Nacional Preparatoria, en aquel inspirador recinto de San Ildefonso en donde hoy aún escuchamos los pasos de tantas generaciones ilustres. Es decir, textos que escribió desde que tenía 14 años, pues estuvo en ella de 1921 a 1925.

Andrés Iduarte hizo literatura no gracias a los años, sino gracias a una intensa vocación por observar, por no dejar escapar el más mínimo detalle o quizá estaría mejor decir, por aprovechar muchos detalles que convertía en textos frescos y reveladores de la vida de esa época, pues como señala el mismo autor, es la “imagen que un adolescente recogió en el rescoldo de la Revolución Mexicana”.

Quizá una de las mayores virtudes de Andrés Iduarte es ese registro personal del devenir histórico, esa gran capacidad para hacernos entrar a la percepción individual de los acontecimientos macro. Me inclino a pensar que esta fructífera combinación del punto de vista personal con el análisis histórico bien conceptuado tiene sustento en su larga trayectoria periodística.

Una parte importante de la producción de Iduarte son sus escritos sobre la Revolución Mexicana, etapa sobre la que queda mucho por decir, pues en esta gesta descansan buena parte de los cimientos que sostienen nuestra cultura nacional. Los ensayos de Iduarte son citados hoy con frecuencia porque no han perdido vigencia. Su manera de escudriñar en el espíritu mexicano que se construyó con la nueva idea de nación surgida de la Revolución Mexicana ofrece hoy en día importantes luces sobre este episodio. Así como se dice que los indígenas llevaron a cabo la Conquista y los españoles la Independencia, la Revolución Mexicana es obra del mestizaje, lo cual tocó las fibras más sensibles de la nueva nación mexicana. Andrés Iduarte reflexionó ampliamente sobre el nuevo concepto de identidad que se haría presente en los distintos ámbitos de la vida mexicana, incluida por supuesto, la cultura.

Estas razones me parecen suficientes, aunque haya muchas más, para señalar que una buena manera de recordar a Andrés Iduarte en el centenario de su nacimiento sea una difusión más apropiada de su obra. Muchos todavía abrevan de ella, porque es una fuente obligada en temas literarios, históricos y periodísticos. Nada más apropiado que rescatar las fuentes originales para rendir el homenaje que merece la vigencia de la obra de Andrés Iduarte. Poner en circulación su obra no sería un acto reverencial sino una decisión a favor de las nuevas generaciones de estudiosos de la literatura que sólo tienen referencias aisladas de este importante escritor y ensayista.


Versión abreviada del texto leído por el autor en la ceremonia del centenario del nacimiento de Andrés Iduarte el domingo 6 de mayo en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de las Bellas Artes.

sanchezdearmas@gmail.com

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México. Miguel Angel Sanchez de Armas, Historiar a los medios

Historiar a los medios

Cuando se habla o se escribe sobre la necesidad de hacer la historia de los medios, es muy raro que alguien se pregunte para qué.

No es que el tema no provoque preguntas, o que se conozcan todas las respuestas posibles, sino que la sola y suprema idea de la erudición apaga muchos cuestionamientos que podrían llevar a una mayor reflexión, no sólo sobre éste sino acerca de muchos temas que tienen que ver con los medios.

No necesito convencerlos a ustedes de la importancia que tiene consignar los hechos sociales, y la comunicación es uno de los mas relevantes. Es justamente en esta circunstancia que radica la justificación de historiar los medios. En que desde su nacimiento, se trata de una tarea que rebasa con mucho los asuntos gremiales o características del desempeño de una profesión. El funcionamiento de los medios tiene que ver con la evolución de toda una sociedad e interesa, por tanto, a todos los miembros de ella.

Resulta un tanto paradójico que muchas historias tienen su razón de ser en el anhelo de erudición, en la obstinación de muchos historiadores por recuperar el desarrollo del comportamiento humano y, sin embargo, sobre todo en el terreno de las ciencias sociales, el registro histórico ha caído en el descrédito. A estos estudios se les considera poco serios, escasamente contribuyentes al crecimiento del conocimiento científico si no realiza aportaciones teóricas.

Me parece que esta es una falsa confrontación. Una concepción mal entendida de los aspectos teóricos y prácticos en cualquier disciplina. Lo que no podemos eludir es que esta concepción, y quizá escisión, entre teoría y práctica ha resultado no sólo en seguidores sino también en productos de la ciencia.

Así, tenemos para el ámbito de la comunicación una gran cantidad de estudios de carácter teórico. Raúl Fuentes Navarro, investigador del ITESO, se ha dado a la tarea de analizar los estudios sobre comunicación y señala el predominio de las investigaciones de carácter teórico. Este bien puede ser, como lo he señalado en el libro Apuntes para una historia de la televisión mexicana, secuela de nuestra herencia antipositivista de mayor arraigo en el campo de las ciencias sociales.

Pero seguramente tiene que ver también con una inclinación que Elías Canetti señala como inquietante y es la tendencia humana hacia lo que le es más lejano o ajeno y una especie de menosprecio por lo más cercano.

El hecho es que tenemos mayor inclinación por los estudios teóricos. Pero eso sólo es el qué en los estudios sobre los medios, pero no responde al para qué hacer la historia de los medios. Volvería sobre algunas de las ideas anteriores para responder.

Los registros históricos nos proveen de los datos de la evolución humana en una actividad específica con un nivel de detalle que nos es mucho más cercano, pero que por esa misma razón, tiene una gran capacidad de envolvernos en la reflexión sobre ese quehacer. Es decir, considero que la utilidad práctica que los estudios historiográficos tienen para la teoría es mucho mayor de lo que se piensa.

Otro aspecto que ya adelanté es el del involucramiento social que existe en el funcionamiento de los medios. Se trata, por decirlo de algún modo, del ejercicio social de la comunicación, que no existe sin sus lectores, oyentes o espectadores, incluso ahora sin sus cibernautas. Así que las características que a lo largo del tiempo van mostrando los medios, nos hablan también de una evolución social, que es la que legitima el funcionamiento de los medios.

Una razón más para hacer la historia de los medios, me parece que debe ser, porque así la he vivido, el placer de hacerla. Todos sabemos que los hechos sociales se suscitan y se acumulan en el tiempo y eso no los hace historia sino simplemente eso, hechos sociales; cuando alguien se toma el trabajo de recuperarlos, consignarlos, organizarlos y ofrecerlos como una aportación al conocimiento se convierten en objeto de estudio. Este proceso de conversión de hechos a objetos de estudio, en comunicación como en casi todas las áreas del conocimiento, sigue estando regido por el interés individual del investigador, por el placer que le produce investigar un tema y no otro, por la elección científica que responde a los gustos personales más que a dictados de prioridad.

Bien afirma Marc Bloch, el notable historiador francés fusilado en 1944 por los alemanes, que “antes que el deseo de conocimiento, el simple gusto; antes que la obra científica plenamente consciente de sus fines, el instinto que conduce a ella”. Yo podría poner en esas palabras de Bloch el espíritu que ha animado al trabajo que me propuse con la fundación de la Revista Mexicana de Comunicación: recoger la teoría y la práctica de los medios en México. Ese mismo impulso, compartido con varios colegas, tuvo otro fruto: el libro Apuntes para una historia de la televisión mexicana, donde lo que más importa es la recuperación de los hechos, donde, a veces con dificultad, tuvimos que despojarnos del calificativo para mostrar los hechos que se han ido concatenando por casi cincuenta años para construir la televisión que ahora tenemos y que siendo tan reciente, es una historia que no conocemos o que ya olvidamos.

Pero además de saciar nuestro gusto y nuestras inclinaciones intelectuales, nuevamente acudo a Bloch: “Siempre nos parecerá que una ciencia tiene algo de incompleto si no nos ayuda, tarde o temprano, a vivir mejor”. Es cierto y me parece que uno de los resultados a los que nos llevará atender la construcción de la historia de los medios, será la comprensión del desarrollo progresivo de los medios y su impacto social. Generalmente estos esfuerzos de recuperación de datos llevan a la clasificación, porque permiten agrupar características y ello conduce al señalamiento de etapas o tendencias. Está claro que en cada medio que se estudie adquirirá rasgos distintos. De lo que no hay duda es que trabajos de este tipo nos ofrecerán información sobre la producción, consumo y transformación de medios en una sociedad.

Texto presentado al IV Encuentro Internacional de Historia de la Prensa en Iberoamérica, 1792-1970: “La investigación hemerográfica como paradigma de interdisciplinariedad”.

sanchezdearmas@gmail.com

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México. Columna Juego de Ojos, Miguel Angel Sánchez de Armas



¡Lo dije! Lo dije aquí mismo antes que cualquier otro analista. Pero, ¡Helas!, nadie es profeta en su tierra. Fox no me hizo caso y ya se ve cómo le está yendo en su condición de “ex”. Bush Jr y sus asesores me ignoraron olímpicamente y ahora andan con rechinar de dientes y tronar de huesos en busca de una mano de gato que les saque las castañas del fuego. Diablos, no tengo más remedio que citarme a mí mismo para que no se pueda decir que no lo advertí a tiempo. Hace exactamente un año, cuando los republicanos creían tenerlas todas consigo y de este lado nuestros padres de la Patria lanzaban declaraciones y esgrimían boletines de prensa ante el problema, escribí:“…

es un error protestar por el muro. Al contrario, debemos exigir que se levante a lo largo de toda la frontera. Y no doble, sino triple y de ser posible cuádruple. En las actuales condiciones del mercado mundial de acero esto sería una bendición para las siderúrgicas mexicanas (ni modo que los gringos compren lámina en China) y se crearían miles de empleos bien pagados en Coahuila, Nuevo León, Michoacán, Veracruz y Yucatán, donde están nuestras plantas más importantes.

“Pero eso no es todo. Poco después de venderles el acero, llegarían emisarios confidenciales para suplicar por acuerdos de trabajo temporales para integrar los escuadrones de varilleros, soldadores, laminadores, alambreros y chalanes que levantar un muro de acero de tres mil kilómetros exige… porque nadie cree que los güeros de la guardia nacional vayan a poder, ¿verdad?”

Pues bien, bajo el encabezado “Multan a empresa del muro por usar indocumentados”, leo en Milenio el viernes 30 de marzo:

“La Corte Federal en San Diego, California, multó con 5 millones de dólares a la empresa que construyó el cerco fronterizo que divide a México de Estados Unidos y a su presidente por haber contratado a indocumentados mexicanos para levantar la barda.

“El juez federal Barre Moskowitz multó a la firma Golden State Fencing con 4 millones 700 mil dólares, y a su directivo, Melvin Kay, con 200 mil dólares, por dos cargos de contrato de trabajadores inautorizados en el país.

“El empresario Kay tendrá además que permanecer en encierro domiciliario 180 días y proporcionar mil 40 horas de trabajo comunitario, en cualquier lugar que lo requiera el gobierno del condado afectado.”

Resulta además que don Melvin, quien es también inmigrante a la tierra de los dólares, dijo en su defensa que jamás explotó a sus trabajadores ni les negó servicios de salud y otros beneficios. Vaya, vaya. Qué bonito.

¿Alguien se ha puesto a pensar por qué Bush Jr dijo en su discurso en Mérida que buscará un acuerdo para trabajadores migrantes? Pues por que con lo del muro le pasó lo que la abuelita de Lincoln siempre decía: “Don’t take no bites that’s too big to swallow, son!” Primero convenció a sus compatriotas, a sus diputados y a sus senadores de que Saddam tenía “armas de destrucción masiva”; luego les hizo creer que el verdadero peligro era la “amenaza mexicana”; ahora no sabe qué hacer para cumplir ni allá ni acá.

Así que insisto en lo que propuse hace 12 meses: hay que ayudar a construir el dichoso muro: “Al final, el tortilla wall sería un obstáculo formidable para el narcotráfico. El precio del crack en Nueva York, Washington, Boston y Seattle se iría a las nubes; la Acapulco Golden escasearía en Beverly Hills, Vermont, Cape Cod y Miami… el electorado se alzaría en armas y en las siguientes elecciones el Partido Republicano pagaría las consecuencias. Entonces, ya desde una posición de fuerza, nos sentamos a negociar en serio con los demócratas los términos de una nueva relación.” Tan, tan.

(A petición popular Juego de ojos toma un respiro. Nos reencontraremos el jueves 10 de mayo. Gracias.)

sanchezdearmas@gmail.com

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México Columna de Miguel Angel Sánchez de Armas

El huevo y la censura

La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la tontería no.

Claude Habrol

Cuando creía haberlo visto todo en materia de necedad y pocas luces, comprendo que en este terreno las fronteras son inexistentes.

Hasta hoy, la mayor expresión de estulticia por mí conocida fue una tarde septembrina hace unos años en la sala internacional del aeropuerto de la Ciudad de México. Regresaba de un viaje por Africa y en mi equipaje cargaba dos máscaras talladas en madera de teca que el jefe tribal de una aldea zambezí amigo mío me obsequió como regalo de despedida.

El Jefe reunió a su cortejo bajo un árbol en el centro del patio de tierra de su palacio de adobe para bendecir mi regreso. Me presentó las máscaras y dijo: “Fueron hechas a orillas del Gran Río. Mira qué tan parecidas son a las que tú me diste en nombre de nuestros hermanos de aquel lugar que llamas Veracruz”. Examiné las caretas. En verdad había un parentesco en la forma y rasgos. Di las gracias como marca el protocolo y a poco me fui de ese reino en un taxi que un mensajero había traído desde Livingstone, la ciudad más próxima.

Días después llegué cansado y muy contento a la aduana del aeropuerto, pulsé el botón del semáforo fiscal y se prendió en rojo. Un celoso guardián del retén apareció de inmediato, muy gallardo en su uniforme almidonado. Examinó con ojo crítico el revoltillo de mis maletas y me pidió que le tradujera los títulos de los documentos y libros que aparecieron entre la ropa sucia y los artículos de higiene personal. Después vio las máscaras, se puso tieso y en el tono más oficial que he escuchado, dijo: “Tendrá que aguardar usted a que llegue el delegado de la Semarnat”. “¿Semarnat?”, respondí. “¿Para qué”. “Estos objetos son de madera”, fue la muy inteligente respuesta. “No podemos permitir que los bosques sean depredados. Los bosques son el pulmón de la humanidad”.

Juro por Wilson, el dios de la güeva, que hice un gran esfuerzo para que no me ganara la risa. Pero fue inútil. No sólo yo, sino todos los demás pasajeros que esperaban su turno en la inspección, estallamos en carcajadas.

“¡No me diga, oficial!”, dije mientras me apretaba la panza. “¿Así que ahora, además de unificar a las dos Coreas, nuestro gobierno se ha echado a cuestas la defensa de los bosques de Zambia?” Esto aumentó la hilaridad del auditorio, incluyendo a los otros agentes aduanales. El bizarro guardián se puso rojo hasta la raíz del cabello. Me fulminó con la mirada y casi me arroja las máscaras antes de dar media vuelta y retirarse a toda prisa con un rítmico paso de ganso a la mexicana. Rearmé mi equipaje y reí todo el camino a casa.

Y si usted lector cree que es un cuento fantástico, abróchese el cinturón para el que sigue.

Una talentosa antropóloga veracruzana organizó para el Museo de Chicago la exposición “Black Presence in Mexico” (“Presencia negra en México”) que ya ha recorrido buena parte del territorio del vecino país. Como allá fue un éxito, ahora nuestro instituto de antropología se interesó... conocida es nuestra acomplejada mentalidad colonial. Pero vea usted los riesgos que se corren cuando los tontejos con iniciativa son colocados en posiciones de responsabilidad:

“Me acaban de llamar de Chicago para decirme que la gente del INAH está condicionando la exposición en DF sólo si les dejan meter mano y cambiar cosas de la misma. No quieren que se hable de la posible presencia africana en época prehispánica. Quieren quitar esa parte y quieren que tres expertos del INAH cambien y metan piezas y por supuesto coloquen créditos para el instituto. Dicen que es una visión gringa de la presencia negra en México. Cuando les dijeron que yo no era gringa respondieron que querían hablar conmigo para ‘discutir’ el contenido de la expo. Es una falta de respeto, es como si presentaras un libro y le quisieran arrancar hojas o capítulos. En el museo de Chicago la postura es que la expo va así y que si hay críticas que se organicen discusiones académicas.”

¿Le parece increíble? ¿Tiene timbres de la digna defensa que hicimos de nuestros valores nacionales cuando Oscar Lewis publicó Los hijos de Sánchez? Pues sigue la parte más divertida:

“Estos funcionarios son personas que acaban de entrar y no tienen ni idea de cómo se hacen las cosas. Una pieza de la expo es un huevo de avestruz con la cara de Yanga pirograbada en él. El autor consiguió el huevo en una granja cerca del puerto. ¡Los del INAH me pidieron una carta de la Semarnat en donde se asegure que el huevo no pone en peligro de extinción a las avestruces de Veracruz! (cursivas mías: SdA). Hilarante. Ayer me decía un periodista de Monterrey que la censura es la mejor publicidad en México...”

Sin duda, digo yo. Además de que francamente tuvo razón quien dijo que nadie es profeta en su tierra, o que los mexicanos somos como cangrejos en cubeta o, tal cual sentencia mi venerada abuela: “No ayudan... ¡pero qué bien molestingan”.

sanchezdearmas@gmail.com

(24.03.07)

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México. Cortés strikes back! Miguel Angel Sánchez de Armas

Cortés strikes back!

Caro pagué mi servicio a la República (de las letras hispánicas) al revelar el plan secreto de la madre academia para sojuzgar, cual neo Gran Armada (lingüística), a las antiguas colonias.

En mi buzón electrónico no cabe un mensaje más. Dardos de iracundos hispanistas me punzan por doquier. “¡Infame!”, clama uno. “¡Mentecato!”, dice otro. “¡Proyanqui hijo de Bush!”, grita el de más allá. El pudor, la prudencia y el temor a la Ley de Imprenta me impiden compartir con mis lectores el contenido de tales invectivas. Mi calvario no lo alivian algunas esquelas de apoyo, como la de P.: “Por Dio, ha sido la cosa ma irreberete y decididamente ma grasiosa que e leio ... jajajaja .... casi me orino de la rrisa ... ere jenial!”; o la de R., quien se limita a un lacónico: “Está muy chistoso, aunque difícil de leer”.

Hubo quien no se escudó en el anonimato y de viva voz me reprendió, como mi cuata la Pecatriz. Apenas levanté el auricular, espetó: “¡Óyeme, tal por cual! ¿Qué no sabes que hasta García Márquez está de acuerdo en las modificaciones que, según tú, son parte de una conspiración? Estás operado del cerebro, papacito”. Amoscado respondí que dudaba mucho que el celebrado Nóbel compartiera esa corriente, y más bien le aconsejé no andar diciendo tales sandeces en público para que no se le fuera a confundir con la versión femenina de nuestro culto ex Presidente. Para muina mía, me hizo llegar un discurso del novelista en el que textualmente se lee:

“…simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?”

Mis cultos lectores habrán visto de inmediato que poco parentesco hay entre estas razonables propuestas y la conspiración de la madre academia, pero eso no hay quien se lo haga entender a la Pecatriz. Sé de buena fuente que frente a su legión de seguidores se pavonea por haberme puesto una vez más en mi lugar. Como no he vuelto a saber de ella, no puedo informarle que más de dos siglos antes que el colombiano, el gran Benjamín Franklin ya había pensado lo mismo con respecto a a la lengua de don William (Shakespeare).

Lo sé gracias al afamado lexicólogo Noah Webster (el mismo del tumbaburros que consultábamos en la clase de inglés). En 1789 escribió: “[Franklin] inventó un nuevo alfabeto fonético en su quijotesca búsqueda para simplificar la ortografía inglesa. Inventó seis nuevas letras [para las que no había tipos de imprenta y eliminó otras tantas que consideró superfluas]”.

Es fácil comprender por qué no tuvo éxito aquella reforma. Véase este ejemplo que parece tomado de un episodio de la tira cómica “Los Miserables” de Patricio: “Kansider chis alfa-bet, and giv mi instances af syts Inlis uyrds and saundz az iu mee... hink kannat perfektlyi bi eksprest byi it”.

No pienso traducir. Que la Pecatriz y su pandilla se hagan bolas.

sanchezdearmas@gmail.com